Récord de emprendimiento secundario en Chequia: trabajar más para llegar a fin de mes
Hay un dato que dice mucho sobre la situación económica de la República Checa y que, sin embargo, puede pasar desapercibido detrás de las grandes cifras de crecimiento, inflación o salarios: cada vez más personas necesitan o deciden tener una segunda actividad económica.
La llamada vedlejší činnost, es decir, la actividad autónoma secundaria que se realiza al mismo tiempo que un empleo, una pensión o determinadas situaciones familiares, se ha convertido en una realidad para cientos de miles de personas. Las cifras disponibles sitúan en torno a 486.000 el número de autónomos que desarrollan su actividad como secundaria, aproximadamente dos quintas partes del conjunto de personas registradas como OSVČ. En marzo de 2026, datos presentados en la Cámara de Diputados situaban en 486.000 las OSVČ de actividad secundaria frente a unas 692.000 de actividad principal.
No es simplemente una estadística más. Es una señal de cómo está cambiando la relación de los checos con el trabajo.
Un segundo trabajo que ya forma parte de la economía cotidiana
Durante años, ser autónomo podía asociarse principalmente con una actividad profesional desarrollada a tiempo completo. Hoy la imagen es mucho más compleja.
Un empleado puede trabajar durante el día y por las tardes ofrecer servicios por su cuenta. Un pensionista puede mantener una pequeña actividad profesional. Una persona que cuida de un hijo puede obtener ingresos adicionales mediante una actividad independiente. Profesionales de los servicios, trabajadores digitales, informáticos, consultores, artesanos o personas dedicadas a actividades complementarias pueden encontrar en este sistema una forma de aumentar sus ingresos sin abandonar su actividad principal.
Y el sistema checo ofrece en este terreno una particularidad importante.
En 2026, quien desarrolla una actividad autónoma secundaria no tiene que pagar obligatoriamente el seguro social si su base imponible, es decir, sus ingresos menos gastos, no supera las 117.521 coronas durante todo el año. Si la actividad no se desarrolla durante determinados meses, el límite se reduce en 9.794 coronas por cada mes completo sin actividad.
Es una diferencia considerable respecto a la actividad autónoma principal.
Pero también conviene recordar algo que puede generar confusión: ese límite no significa que toda la actividad secundaria esté libre de impuestos y cotizaciones.
En particular, el seguro médico funciona de otra manera. No existe una cantidad mínima de beneficio por debajo de la cual desaparezca la obligación. En el caso de la actividad secundaria, el seguro médico se calcula sobre la base real correspondiente a los beneficios obtenidos.
También existe la posibilidad de que quien se encuentre por debajo del límite se incorpore voluntariamente al seguro de pensiones. En 2026, la cotización mínima para una OSVČ secundaria que decide participar voluntariamente es de 1.574 coronas mensuales.
Y aquí aparece una cuestión que merece más atención de la que suele recibir.
¿Emprendimiento o necesidad?
El récord de actividad secundaria puede interpretarse de dos maneras.
La primera es optimista: Chequia tiene una población activa que busca oportunidades, crea pequeños negocios, ofrece servicios y encuentra nuevas formas de obtener ingresos.
La segunda es bastante menos cómoda: quizá una parte creciente de la población simplemente necesita una segunda fuente de dinero.
Probablemente las dos cosas sean ciertas al mismo tiempo.
No hay nada negativo en que una persona tenga un pequeño negocio además de su empleo. Al contrario, puede significar independencia, iniciativa y una economía más flexible. Pero cuando cientos de miles de personas necesitan complementar sus ingresos, también deberíamos preguntarnos qué está ocurriendo con el coste de la vida, el poder adquisitivo y la capacidad del salario principal para cubrir las necesidades de una familia.
El fenómeno resulta todavía más interesante cuando lo relacionamos con otro asunto que afecta directamente a una parte importante de la población: las pensiones.
Los pensionistas miran ahora hacia enero
Mientras el número de personas que buscan ingresos adicionales aumenta, los pensionistas checos afrontan otra incertidumbre: cuánto subirán sus pensiones en enero de 2027.
El problema está relacionado con el crecimiento de los salarios. Los datos revisados sobre el primer semestre de 2026 mostraron un salario medio de 50.650 coronas, con un crecimiento interanual del 6,2 %, inferior al que se había utilizado en cálculos anteriores. Como determinados elementos de la valorización están vinculados a la evolución salarial, la revisión redujo también el cálculo de la subida de las pensiones.
Inicialmente se hablaba de una subida de alrededor de 300 coronas mensuales. Después, el cálculo basado en los datos revisados situó el incremento de la parte fija en 270 coronas.
La diferencia puede parecer pequeña. Para una persona que vive exclusivamente de su pensión, sin embargo, 30 coronas menos no son una abstracción estadística: forman parte de un presupuesto mensual que debe hacer frente a vivienda, alimentación, energía, medicamentos y otros gastos.
Dos partes para una pensión
La pensión checa está formada por una parte fija, igual para todos los pensionistas, y una parte porcentual que depende de la trayectoria laboral y de los ingresos sobre los que se calculó la pensión.
La parte fija representa el 10 % del salario medio, mientras que la parte porcentual se determina individualmente según el historial asegurado. La legislación establece además el mecanismo de valorización anual.
Por eso una modificación relativamente pequeña del salario medio puede terminar teniendo consecuencias para millones de pensionistas.
Y aquí aparece una paradoja interesante.
Por un lado, la economía necesita que los salarios crezcan. Por otro, cuando los salarios crecen menos de lo esperado, también disminuyen las expectativas sobre el aumento de las pensiones.
Del optimismo de los 590 a una cifra mucho más modesta
Durante el verano, el ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Aleš Juchelka, había hablado de la posibilidad de elevar la valorización hasta aproximadamente 590 coronas mensuales, utilizando el margen que permite la legislación cuando el aumento calculado queda por debajo de determinados niveles.
Pero la realidad de septiembre es bastante diferente.
Tras la revisión de los datos salariales, el cálculo legal quedó en torno a 270 coronas para la parte fija. Y la propuesta más reciente contempla además un incremento del 0,2 % de la parte porcentual, que supondría aproximadamente 34 coronas adicionales para una pensión media.
Es decir, la discusión ha pasado de hablar de una posible subida cercana a 600 coronas a estudiar una solución mucho más contenida.
La decisión definitiva debe producirse antes de que termine septiembre.
Dos caras de una misma Chequia
Para mí, lo más interesante no está en saber si finalmente serán 270, 300 o algo más las coronas que recibirán los pensionistas.
Lo verdaderamente interesante es observar lo que ambos fenómenos dicen sobre la sociedad checa.
Por una parte, casi medio millón de personas desarrolla una actividad económica secundaria. Son personas que trabajan, producen, venden, prestan servicios y buscan una fuente adicional de ingresos.
Por otra, millones de pensionistas dependen de un sistema cuya evolución está relacionada, entre otras cosas, con el comportamiento de los salarios.
Ambas realidades están conectadas por una misma pregunta: ¿hasta dónde llega el ingreso principal de una persona en la Chequia de 2026?
Si un trabajador necesita una segunda actividad para completar sus ingresos y un pensionista espera cada año la valorización para mantener su poder adquisitivo, quizá el debate económico no debería limitarse a celebrar el número de nuevos autónomos o discutir unas pocas centenas de coronas de aumento.
La actividad secundaria puede ser una señal de dinamismo económico. Pero también puede convertirse en una señal de dependencia de los ingresos adicionales.
Y ahí está la cuestión que Chequia tendrá que afrontar en los próximos años: si el crecimiento económico consigue aumentar realmente la seguridad económica de los hogares o si, por el contrario, cada vez más personas tendrán que trabajar más —o durante más tiempo— para mantener el mismo nivel de vida.
