¿Qué necesitan los checos para vivir? Internet gana terreno a la vivienda propia
La definición de lo que necesitamos para vivir está sufriendo una metamorfosis silenciosa. En la era digital, las líneas que dividen a la sociedad ya no se miden solo en el año de nacimiento; la situación financiera, el entorno familiar y el acceso a la tecnología están redibujando el mapa de la desigualdad, trasladándola de las calles al espacio virtual.
Según un reciente estudio del Institut Solvo, lo que antes se consideraba un lujo de consumo se ha convertido en una necesidad de primer orden. El análisis de este think tank revela un cambio de paradigma: para la Generación Z, disponer de una conexión a internet de alta velocidad es tan vital como tener una vivienda segura a largo plazo. En contraste, para las generaciones mayores, la red solo es indispensable para la mitad de la población.
De la comodidad a la infraestructura vital
¿Por qué este abismo entre generaciones? Las expertas del Institut Solvo, Anna Shavit y Jana Hamanová, señalan que los jóvenes no ven internet como un canal de entretenimiento, sino como el oxígeno de su cotidianidad.
„La Generación Z creció en un mundo donde internet ya era parte de la vida normal. Lo utilizan para trabajar, educarse, comunicarse y acceder a servicios esenciales“, explica Shavit.
Este cambio de prioridades se refleja también en otros bienes tradicionales:
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Vivienda: Solo la mitad de la Generación Z considera imprescindible tener una casa propia, frente al 70% de los más mayores.
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Movilidad: Mientras que para la mitad de los Millennials (Generación Y) el coche es una necesidad, entre los más jóvenes este interés cae a un tercio.
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Salud y Bienestar: Más de la mitad de la Generación Z considera prioritaria la comida de calidad (frente a un tercio de los Baby Boomers) y un 25% ve los dispositivos de monitorización de salud, como los relojes inteligentes, como algo fundamental.
¿Valores diferentes o falta de opciones?
El estudio invita a una reflexión profunda: ¿estamos ante un cambio de valores o ante una adaptación forzada a la realidad económica?
La preferencia por ciertos bienes está fuertemente ligada a lo que la gente realmente puede permitirse. Mientras que la mayoría de los mayores pudieron acceder a una vivienda en propiedad, solo un tercio de los jóvenes tiene esa posibilidad hoy en día. Asimismo, las dificultades para ahorrar —menos de la mitad de la Generación Z cuenta con un colchón financiero para tres meses— alteran drásticamente su comportamiento de consumo.
„Nos divide más nuestra situación vital que la generación a la que pertenecemos“, matiza Hamanová, recordando que factores como el entorno familiar y el tipo de trabajo son los verdaderos motores de estas diferencias.
La brecha digital: la nueva exclusión social
El concepto de „necesidades básicas“ se está desvinculando de la mera supervivencia física para ligarse a la capacidad de operar en el mundo moderno. Así lo explica Lenka Simerská, socióloga y directora ejecutiva de la Cámara de Comercio Nórdica:
„Junto a la vivienda y la seguridad, hoy entran en la base de la pirámide elementos que garantizan la inclusión social y la autosuficiencia económica. Internet ya no es un extra, es la infraestructura básica de la vida diaria“.
Sin embargo, esta dependencia genera nuevos riesgos y paradojas. Por un lado, surge la necesidad psicológica de „desconectarse“ para evitar el agotamiento laboral y mental. Por el otro, asoma la amenaza de la brecha digital.
A medida que la sociedad se digitaliza, el abismo entre quienes tienen acceso a la tecnología y la alfabetización digital, y quienes quedan excluidos, se profundiza. La conclusión de los expertos es clara: en el siglo XXI, la exclusión social ya no se definirá solo por los ingresos en la cuenta bancaria, sino por el nivel de acceso al mundo virtual.
