La vivienda, el verdadero motor de la pobreza en la República Checa
Praga – La pobreza en la República Checa no es solo una cuestión de ingresos bajos, sino, sobre todo, de vivienda inaccesible. En la última década, el precio de los apartamentos en Praga y otras capitales regionales aumentó alrededor de un 80%, mientras que los alquileres se dispararon casi 2,5 veces, superando ampliamente el crecimiento de los ingresos. Esto ha convertido la vivienda en un factor decisivo para la calidad de vida de millones de ciudadanos.
Según un análisis reciente de la Plataforma para la Vivienda Social, un tercio de las familias que viven en alquiler ya enfrentaba riesgo de pobreza en 2019; para 2023, casi la mitad de estas familias se encontraba en esa situación. Entre las madres solteras, el porcentaje aumentó del 43% al 52%. La pobreza afecta con especial dureza a los jóvenes y a las familias con niños pequeños en las grandes ciudades, donde cada vez más hogares dependen del alquiler. Por el contrario, las personas mayores han visto mejorar su situación gracias a la valorización de las pensiones.
El análisis también señala que las políticas actuales no son eficaces: entre 2005 y 2024, el Estado destinó aproximadamente 153.000 millones de coronas al apoyo del ahorro para la construcción, pero el acceso a la vivienda sigue empeorando. La deducción fiscal para hipotecas, lejos de resolver el problema, redujo los ingresos presupuestarios en decenas de miles de millones de coronas, sin beneficiar a quienes más lo necesitan.
Mientras tanto, algunos medios han intentado vincular la pobreza y los problemas en la sanidad con la llegada de refugiados ucranianos, señalando una supuesta crisis financiera en las aseguradoras. Los datos oficiales desmienten esta afirmación: el Estado financia las primas de seguro de los refugiados no activos laboralmente, de manera equivalente a lo que se hace con ciudadanos checos, y ni la VZP ni otras aseguradoras quebraron en 2024. La presión sobre el sistema sanitario proviene de aumentos en los costos médicos, los salarios y los medicamentos, problemas sistémicos que nada tienen que ver con la migración.
El mensaje es claro: culpar a los refugiados por la pobreza es un error y distrae de los verdaderos desafíos. La solución pasa por construir vivienda asequible, regular los contratos de alquiler y ajustar las prestaciones sociales a las necesidades reales de la población. Solo así se podrá garantizar que vivir en un hogar digno deje de ser un lujo y se convierta en un derecho efectivo para todos.
