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KFC sufre las graves consecuencias de un año después: pérdidas millonarias y crisis de confianza tras el escándalo de la carne caducada

Ha pasado un año desde que estalló el sonado escándalo en la cadena de comida rápida KFC en la República Checa, desatado por la manipulación de etiquetas y el uso de carne caducada. Las repercusiones económicas y reputacionales continúan afectando fuertemente a la empresa. La compañía AmRest, operadora de la franquicia, registró pérdidas de hasta 135 millones de coronas checas.

Impacto financiero en cifras

  • Caída de ventas: Durante el primer semestre del año, los ingresos disminuyeron en más de un 18 %, desplomándose desde los 4.100 millones de coronas iniciales hasta los 3.350 millones.

  • Pérdidas operativas: A pesar de una ligera recuperación observada en la primavera, los números rojos alcanzan los 135 millones de coronas checas.

  • Daño a la reputación: La propia compañía reconoce que el mayor obstáculo para recuperar la normalidad ha sido el deterioro de la imagen de marca y la pérdida de confianza de los consumidores, agravada por una deficiente gestión inicial de la comunicación pública.

Medidas de respuesta y nuevas normas higiénicas

Ante el boicot de los clientes y la gravedad de las infracciones confirmadas por la inspección alimentaria, la dirección optó por un giro en su estrategia:

  • Reconocimiento de errores: En mayo, la directora general de KFC en Chequia, Ivana Makalová Dlouhá, admitió públicamente que la empresa debió reaccionar con mayor rapidez y transparencia tras el estallido del caso.

  • Nuevos controles digitales: Se implementó un sistema global de control digital de alimentos y operaciones utilizado en 17.000 restaurantes de la marca en todo el mundo. Esto incluye revisiones exhaustivas de higiene y temperatura varias veces al día por cada turno.

  • Cierres temporales y formación: En el mes de mayo, las 140 sucursales del país cerraron sus puertas durante dos horas para la puesta en marcha del sistema y la recertificación de los empleados, con unos costos de corrección que ascienden a millones de coronas.

El origen del escándalo

El caso salió a luz en septiembre del año pasado gracias a una investigación del periodista Jan Tuna, quien denunció que los empleados reutilizaban etiquetas para prolongar la fecha de caducidad del pollo marinado. Posteriormente, la Inspección de Alimentos confirmó las graves irregularidades sanitarias en al menos una sucursal en la ciudad de Liberec, un escenario similar al registrado en el mismo periodo por la filial de KFC en Dinamarca, que optó por el cierre temporal de todos sus locales.

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