Fiala y el terremoto de AfD: una advertencia para Chequia
Opinión | El triunfo de la AfD en Sajonia-Anhalt debería preocupar a Praga
El resultado de las elecciones regionales en Sajonia-Anhalt, donde la Alternativa para Alemania (AfD) ha superado el 44 % de los votos según las primeras proyecciones, no es solamente una noticia política alemana. Es también una señal que debería ser analizada con mucha atención en la República Checa.
No es casualidad que uno de los primeros políticos checos en reaccionar haya sido Petr Fiala, presidente de la ODS y antiguo primer ministro. Fiala calificó el resultado de «terremoto político» y describió como «aterradora» la oferta política con la que AfD ha conseguido conquistar a una parte tan importante del electorado.
Según Fiala, el éxito de AfD se construye sobre una mezcla de nacionalismo, promesas irreales, nostalgia, miedo al futuro y sentimientos prorrusos. Y precisamente esta combinación es la que debería interesar especialmente a los ciudadanos y políticos checos.
Porque algunas de las mismas cuestiones que han impulsado a AfD en el este de Alemania también forman parte del debate político en Chequia.
Fiala: una radicalización que pretende cambiarlo todo para que nada cambie
La reacción de Fiala merece especial atención.
El antiguo primer ministro checo considera que el resultado de AfD ya no puede explicarse únicamente diciendo que los partidos democráticos tradicionales no han sabido resolver los problemas cotidianos de los ciudadanos.
Para Fiala, las causas son más profundas y no son exclusivamente económicas.
Y ahí aparece una de sus frases más contundentes: «El cambio radical para que al final nada cambie es una ilusión peligrosa que la historia ha confirmado muchas veces».
La advertencia tiene una lectura claramente checa.
En una sociedad donde existe frustración por el coste de la vida, la inmigración, la energía, la burocracia, la guerra en Ucrania o la sensación de que las decisiones importantes se toman lejos de los ciudadanos, el discurso de ruptura puede resultar atractivo.
La promesa es sencilla: cambiar radicalmente el sistema y recuperar un pasado aparentemente más seguro.
Pero la pregunta que plantea Fiala es mucho más incómoda: ¿y si ese cambio radical no soluciona los problemas que promete resolver?
La nostalgia como arma política
Uno de los elementos que más llama la atención en la campaña de AfD es precisamente la utilización de la nostalgia.
En Sajonia-Anhalt, un territorio de la antigua Alemania Oriental, esa nostalgia tiene una dimensión histórica muy particular. Hay ciudadanos que recuerdan la época de la RDA, sus empleos industriales y una vida que, aunque limitada políticamente, consideran más estable.
AfD ha sabido convertir parte de esa memoria en un discurso nacionalista.
Algo parecido, aunque evidentemente en un contexto histórico diferente, puede observarse en otros países de Europa Central.
En Chequia también existe una parte del electorado que mira hacia el pasado con cierta nostalgia. No necesariamente porque quiera recuperar el régimen comunista, sino porque recuerda una época en la que determinadas cosas parecían más previsibles: empleo, vivienda, precios o seguridad social.
El problema comienza cuando esa nostalgia se convierte en una propuesta política.
El pasado puede ser un argumento electoral, pero difícilmente puede convertirse en un programa de gobierno.
Migración: el tema que nadie puede dejar en manos de los populistas
El presidente de STAN, Vít Rakušan, ofreció otra interpretación que resulta especialmente relevante para Chequia.
Según Rakušan, las fuerzas democráticas cometen un error cuando dejan a los populistas cuestiones como la migración o los problemas sociales.
Su argumento es sencillo: si los partidos tradicionales no hablan de esos problemas, otros lo harán.
Y probablemente este sea uno de los grandes aprendizajes de las elecciones alemanas.
La migración no puede ser un tema propiedad de la extrema derecha. Tampoco puede ser un asunto que los partidos moderados eviten por miedo a parecer demasiado duros.
Los ciudadanos tienen preguntas legítimas: cuántas personas puede integrar un país, cómo se controla la inmigración ilegal, cómo se financia la integración, qué ocurre con la seguridad y cómo se distribuyen los costes.
La respuesta democrática no puede ser ignorar esas preguntas.
Pero tampoco puede ser convertir a todos los inmigrantes en responsables de los problemas sociales.
Chequia necesita una política migratoria propia, realista y sostenible, no una política diseñada desde el miedo.
«No podemos acabar como Sajonia-Anhalt»
Esta es precisamente la advertencia que Rakušan dirige hacia la política checa.
El líder de STAN afirma que los políticos democráticos deben ofrecer soluciones realistas para evitar que Chequia termine en una situación similar a la de Sajonia-Anhalt.
La frase es importante porque demuestra que el resultado alemán no se está observando en Praga como un fenómeno exclusivamente extranjero.
Chequia comparte frontera con Alemania y mantiene con ella una relación económica, política y social extraordinariamente estrecha. Lo que ocurre en Alemania termina afectando inevitablemente a la República Checa.
Si la política alemana gira cada vez más hacia posiciones nacionalistas y proteccionistas, las consecuencias pueden sentirse también en la economía checa, especialmente en sectores vinculados a la industria alemana.
Pero existe además una dimensión política.
Si AfD demuestra que puede superar el 40 % de los votos en una región alemana, otros movimientos políticos de Europa Central pueden interpretar el resultado como una confirmación de que el electorado está dispuesto a castigar duramente a los partidos tradicionales.
El mensaje de Petr Macinka
El ministro de Exteriores checo y presidente de los Motoristas, Petr Macinka, introduce otro elemento interesante en el debate.
Para él, lo realmente importante será observar qué ocurre después de las elecciones: qué hará AfD con su fuerte mandato y cómo reaccionará la CDU.
Según Macinka, el desarrollo de los acontecimientos tendrá un significado simbólico importante para el futuro de Alemania: puede haber un intento de suavizar las posiciones o, por el contrario, producirse una nueva radicalización.
Esta cuestión también debería interesar a Chequia.
Porque una cosa es ganar unas elecciones y otra muy diferente gobernar.
AfD puede convertirse en la fuerza más votada y, sin embargo, quedarse fuera del gobierno si las demás formaciones mantienen su negativa a cooperar con ella.
Pero existe un problema: aunque AfD no gobierne, puede obligar a los demás partidos a gobernar hablando de los temas que ella ha colocado en el centro del debate.
¿Se está rompiendo el «cordón sanitario»?
El diplomático Tomáš Kafka planteó una de las preguntas más interesantes después de las elecciones.
Durante años, los partidos alemanes han mantenido una especie de «cordón sanitario» alrededor de AfD, evitando colaborar con ella.
Kafka considera que los resultados demuestran que AfD no puede simplemente ser ignorada hasta que desaparezca.
Quizá, incluso, ha llegado el momento en que ese cordón empiece a mostrar grietas.
Y este debate tiene una enorme importancia para Chequia.
La política checa ya ha demostrado en numerosas ocasiones que las fronteras ideológicas entre partidos pueden cambiar rápidamente cuando los resultados electorales obligan a ello.
Por eso el caso alemán debería servir de advertencia: cuando una fuerza política consigue convertirse en la opción de cuatro de cada diez votantes, no desaparece simplemente porque los demás partidos decidan no hablar con ella.
La lección para Chequia
La reacción más fácil ante el triunfo de AfD sería limitarse a decir que Alemania se está radicalizando.
Pero esa explicación sería insuficiente.
La verdadera pregunta que Chequia debería hacerse es otra:
¿por qué tantos ciudadanos europeos están perdiendo la confianza en los partidos tradicionales?
Fiala tiene razón al advertir que el fenómeno no puede explicarse únicamente por razones económicas. Hay una combinación de miedo, frustración, nostalgia, identidad nacional, desconfianza hacia las instituciones y rechazo hacia las élites políticas.
Y esa combinación no existe solamente en Alemania.
También existe en Chequia.
Por eso el resultado de Sajonia-Anhalt debería ser observado en Praga con mucha más atención de la que normalmente recibe una elección regional alemana.
La respuesta no debería consistir en copiar a AfD ni tampoco en despreciar a quienes votan por ella.
Los partidos democráticos checos tienen que demostrar que pueden hablar de migración, seguridad, energía, economía, vivienda y relaciones con Rusia sin recurrir a soluciones extremas y sin esconder los problemas debajo de la alfombra.
Porque si los partidos tradicionales dejan esos temas sin respuesta, alguien ocupará ese espacio.
Y entonces el «terremoto político» del que habla Petr Fiala podría dejar de ser solamente alemán.
Podría convertirse en una tendencia europea.
¿Qué significa el triunfo de AfD para Chequia?
El resultado de Sajonia-Anhalt no es un asunto exclusivamente alemán. Para Chequia, el avance de AfD tiene una importancia especial porque Alemania no es simplemente el gran vecino occidental: es su principal socio económico, una pieza fundamental de la industria checa y uno de los países que más influencia tiene sobre la política europea. Por eso, cualquier cambio profundo en el equilibrio político alemán termina teniendo consecuencias al otro lado de la frontera.
Precisamente por eso adquieren especial importancia las palabras de Petr Fiala, que calificó el resultado de «terremoto político». Su advertencia no se refiere únicamente al crecimiento de AfD, sino a las causas que están detrás de ese crecimiento: nacionalismo, frustración social, miedo al futuro, rechazo a determinadas políticas migratorias, nostalgia y también una creciente simpatía hacia posiciones favorables a Rusia.
Para Chequia, el problema es que muchas de esas preocupaciones también forman parte del debate político nacional.
La inmigración puede convertirse en un acelerador electoral
Una de las principales consecuencias para la política checa es el debate sobre la inmigración.
Vít Rakušan señaló precisamente este riesgo: cuando los partidos democráticos dejan cuestiones como la inmigración o la seguridad social sin respuestas convincentes, dejan espacio para que los populistas las conviertan en el centro de su discurso.
La experiencia alemana demuestra hasta dónde puede llegar ese proceso. AfD no ha necesitado convencer a todos los votantes de que su programa sea viable. Le ha bastado, en buena medida, con conseguir que una parte importante del electorado considere que los partidos tradicionales no han sabido responder a sus preocupaciones.
Y aquí aparece una advertencia para Praga: si la política tradicional intenta evitar determinados temas porque considera que son incómodos o políticamente peligrosos, no significa que esos temas desaparezcan. Al contrario, pueden convertirse en el terreno perfecto para que otros partidos los exploten.
Energía, Rusia y el modelo económico
Hay otra cuestión especialmente sensible para Chequia: la energía.
En Sajonia-Anhalt, parte del discurso de AfD conecta el rechazo a determinadas políticas medioambientales con la defensa de una energía más barata y con la recuperación de relaciones económicas con Rusia. Aunque la situación alemana y la checa no son idénticas, el dilema resulta familiar para los votantes checos: cuánto debe costar la transición energética, quién paga sus consecuencias y hasta dónde debe llegar la política de sanciones contra Moscú.
Para una economía tan vinculada a Alemania, un giro político alemán hacia posiciones más nacionalistas y menos favorables a determinadas políticas europeas tendría inevitablemente repercusiones en Chequia.
No se trataría necesariamente de un cambio inmediato de tratados o de alianzas. El efecto podría ser mucho más gradual: presión sobre las políticas energéticas europeas, discusiones sobre las sanciones contra Rusia, mayor resistencia a determinadas regulaciones de Bruselas y una defensa más agresiva de los intereses nacionales.
El peligro para la política checa: pensar que «esto solo pasa en Alemania»
Quizá la principal lección para Chequia sea precisamente evitar esa conclusión.
El avance de AfD no se explica únicamente por la ideología de extrema derecha. También es consecuencia de una acumulación de frustraciones: sensación de pérdida de control, preocupación económica, inseguridad cultural, desconfianza hacia las instituciones y percepción de que las élites políticas no escuchan determinadas demandas.
Esas condiciones, con diferentes intensidades, existen también en otros países europeos.
Por eso la pregunta para Praga no debería ser solamente si podría aparecer una «AfD checa». La cuestión más importante es qué partidos serán capaces de ocupar el espacio político que dejan los partidos tradicionales cuando sus votantes sienten que ya no representan sus preocupaciones.
Chequia tiene además una tradición política diferente y un sistema de partidos distinto al alemán. No sería correcto establecer una equivalencia automática. Pero sí existe una dinámica común: cuando cuestiones como inmigración, seguridad, energía, precios, vivienda o guerra se convierten en preocupaciones centrales de la población, aquellos partidos que ofrecen respuestas sencillas y contundentes pueden ganar terreno rápidamente.
Fiala deja una advertencia especialmente significativa
La valoración de Petr Fiala adquiere así una dimensión que va más allá de la crítica a AfD.
Cuando el político checo habla de una combinación de nacionalismo, promesas poco realistas, nostalgia, miedo al futuro y simpatías prorrusas, está describiendo —desde su perspectiva— un modelo político que considera peligroso para Alemania y también para Europa.
Pero existe una paradoja.
Los partidos tradicionales pueden advertir sobre los riesgos del populismo, pero la advertencia por sí sola no resuelve las causas que alimentan el populismo.
Si un ciudadano está preocupado por el precio de la energía, no basta con decirle que AfD es peligrosa. Si teme una inmigración descontrolada, no basta con acusarlo de xenofobia. Si siente que la economía no funciona, no basta con hablar de los valores europeos.
La política convencional necesita ofrecer respuestas concretas.
Y esa es probablemente la mayor lección que el resultado alemán ofrece a Chequia.
Alemania también puede cambiar el equilibrio europeo
Hay además una consecuencia estratégica.
Si AfD continúa creciendo y obliga a la CDU y a los demás partidos alemanes a modificar sus posiciones, Alemania podría experimentar un desplazamiento de su centro político hacia la derecha. Eso tendría consecuencias en toda la Unión Europea.
Para Chequia, un cambio de este tipo sería especialmente importante. Praga ha mantenido históricamente una relación muy estrecha con Berlín y necesita a Alemania para defender muchos de sus intereses económicos y políticos dentro de la UE.
Un Berlín más nacionalista podría significar una Europa diferente: más preocupada por las fronteras nacionales, más crítica con algunas políticas comunitarias y posiblemente más dividida respecto a Ucrania, Rusia, inmigración y transición energética.
Por eso el resultado de Sajonia-Anhalt debe ser observado en Praga con mucha atención.
La advertencia no es que AfD vaya a llegar mañana a Chequia
La conclusión tampoco debería ser alarmista.
No significa que Chequia vaya a reproducir automáticamente el camino alemán ni que una formación concreta esté destinada a obtener el mismo resultado. La política checa tiene sus propias características y sus propios protagonistas.
La advertencia es otra: el malestar social puede convertirse en una fuerza política cuando los partidos tradicionales no encuentran la manera de canalizarlo.
Y ahí es donde las palabras de Fiala adquieren un significado especial para su propio país.
El «terremoto político» alemán no tiene por qué llegar a Chequia con las siglas AfD. Puede llegar en forma de cambios en el debate sobre inmigración, de una mayor presión contra las políticas climáticas, de posiciones más favorables a Rusia, de rechazo a Bruselas o de una demanda creciente de soluciones nacionales.
El verdadero desafío para la política checa será impedir que esas preocupaciones queden monopolizadas por los populistas.
Porque la lección de Sajonia-Anhalt no es simplemente que la extrema derecha pueda ganar elecciones. Es que cuando una parte importante de la sociedad siente que nadie escucha sus problemas, termina escuchando a quien promete soluciones más radicales.
