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Europa sigue atrapada en el cambio de hora: Chequia podría vivir el último en 2028

Praga.— Cada primavera adelantamos los relojes una hora y cada otoño los volvemos a retrasar. Es una rutina que millones de europeos realizan casi automáticamente, pero que la Unión Europea lleva años intentando abandonar sin conseguir ponerse de acuerdo.

Ahora vuelve a abrirse una ventana para acabar con el cambio de hora. En la República Checa, el Gobierno de Andrej Babiš prevé mantener el actual sistema durante los próximos cinco años, hasta 2031. Sin embargo, el escenario europeo podría cambiar antes y el último cambio de hora podría producirse ya en octubre de 2028.

La cuestión no es, por tanto, si Europa quiere eliminar el cambio horario. Eso ya quedó claro hace años. El verdadero problema continúa siendo mucho más complicado: qué hora debería quedarse para siempre.

Una decisión que Europa lleva años aplazando

La Comisión Europea propuso acabar con el cambio de hora en 2018, después de una consulta pública en la que una amplia mayoría de los participantes se mostró partidaria de eliminarlo.

La idea inicial era sencilla: dejar de cambiar los relojes dos veces al año y permitir que cada país eligiera si quería mantener permanentemente el horario de verano o el de invierno.

Pero ahí apareció el problema.

Si cada Estado miembro pudiera elegir libremente su horario, Europa podría terminar con una auténtica fragmentación temporal. Dos países vecinos podrían tener horarios diferentes durante todo el año, algo especialmente problemático para el transporte, el comercio, los trabajadores transfronterizos y las actividades económicas.

Por eso, la decisión quedó bloqueada.

Y mientras Bruselas continúa buscando una solución, los europeos siguen adelantando y atrasando sus relojes.

¿Podría terminar en 2028?

El eurodiputado checo Tomáš Zdechovský considera que existe la posibilidad de que los Estados miembros finalmente alcancen un acuerdo.

A su juicio, uno de los elementos que podría acelerar el proceso es lo que está ocurriendo en Estados Unidos, donde también existe un intenso debate sobre la conveniencia de mantener o eliminar el cambio de hora.

Zdechovský considera que, si Europa consigue llegar a un acuerdo, octubre de 2028 podría convertirse en el último momento en que los ciudadanos europeos tengan que cambiar sus relojes.

La fecha no está decidida. No existe todavía una decisión definitiva de la Unión Europea que establezca que 2028 será el último año.

Pero la posibilidad vuelve a poner el asunto sobre la mesa.

El gran dilema: ¿horario de verano o de invierno?

Aquí comienza la verdadera discusión.

Una parte importante de los Estados miembros parece inclinarse por mantener permanentemente el horario de verano.

La razón resulta bastante intuitiva: durante los meses de primavera y verano habría más horas de luz por la tarde. Para muchas personas significaría poder disfrutar de más tiempo de actividades al aire libre después del trabajo.

Pero existe otro argumento, especialmente relacionado con la salud y el funcionamiento del organismo: mantener permanentemente el horario de invierno, que coincide con el horario estándar, permitiría una mayor sincronización entre el reloj oficial y la luz solar.

En la práctica, la discusión enfrenta dos preferencias distintas:

¿Queremos más luz por la tarde o más luz por la mañana?

La respuesta puede parecer trivial, pero las consecuencias son bastante diferentes dependiendo de dónde viva una persona dentro de Europa.

Boris Šťastný quiere quedarse con el horario de invierno

Dentro del Gobierno checo hay además una posición claramente definida.

El ministro para la Prevención y el Deporte, Boris Šťastný, se ha mostrado contrario al mantenimiento de los cambios horarios.

Su propuesta es eliminar el horario de verano y mantener durante todo el año el horario de invierno.

El argumento principal es sanitario.

El organismo humano funciona siguiendo ritmos biológicos relacionados con la exposición a la luz. Según esta posición, adelantar una hora el reloj en primavera puede alterar temporalmente el sueño, reducir el rendimiento y provocar efectos negativos sobre determinadas personas.

La cuestión adquiere especial importancia en los primeros días posteriores al cambio horario, cuando muchas personas tienen que levantarse una hora antes respecto a la luz solar.

Para Šťastný, por tanto, la solución es sencilla: eliminar el horario de verano y quedarse con el horario estándar.

Pero no todos están de acuerdo

El problema es que el horario de verano también tiene defensores.

Tomáš Zdechovský, por ejemplo, reconoce que personalmente no tendría inconveniente en mantener el horario de verano de forma permanente. Su argumento es sencillo: si hay que elegir, prefiere disponer de más horas de luz durante la tarde.

Y aquí aparece una cuestión que suele quedar escondida detrás del debate técnico.

El cambio de hora no afecta de la misma manera a todo el mundo.

Un trabajador que sale de su empleo a las cinco de la tarde puede valorar mucho que haya luz hasta las seis o siete. Para una persona que tiene que levantarse muy temprano, en cambio, puede ser mucho más importante que amanezca antes.

La decisión europea tendrá inevitablemente ganadores y perdedores.

El calendario checo hasta 2031

Mientras Europa no llegue a un acuerdo, Chequia continuará aplicando el sistema actual.

El calendario previsto es el siguiente:

Año Inicio del horario de verano Regreso al horario de invierno
2027 28 de marzo 31 de octubre
2028 26 de marzo 29 de octubre
2029 25 de marzo 28 de octubre
2030 31 de marzo 27 de octubre
2031 29 de marzo 26 de octubre

Por tanto, si no existe un acuerdo europeo antes, los checos seguirán cambiando los relojes al menos hasta octubre de 2031.

Pero si la Unión Europea consigue cerrar el acuerdo previsto por algunos eurodiputados, el 29 de octubre de 2028 podría convertirse en una fecha histórica.

Ese domingo podría ser la última vez que millones de europeos retrasaran sus relojes una hora.

¿Por qué es tan difícil ponerse de acuerdo?

La dificultad no reside solamente en la salud.

También están en juego los transportes, las comunicaciones, el comercio internacional y la coordinación entre países.

Imaginemos que Chequia decidiera mantener el horario de invierno mientras Alemania, Austria y Polonia optaran por el horario de verano.

Durante determinadas épocas del año podría existir una diferencia horaria entre países que actualmente comparten la misma hora.

Para quienes viven cerca de las fronteras, trabajan en otro país o viajan diariamente, la diferencia sería mucho más que una cuestión de relojes.

También afectaría a los horarios de trenes, vuelos, mercados financieros, emisiones de televisión, sistemas informáticos y operaciones comerciales.

Por eso la Unión Europea necesita evitar que la eliminación del cambio horario termine creando un nuevo problema de coordinación entre Estados miembros.

Una costumbre que quizás tenga los días contados

El cambio de hora nació por razones relacionadas con el aprovechamiento de la luz natural y el ahorro energético. Pero la realidad europea ha cambiado considerablemente desde que esta práctica comenzó a extenderse.

Hoy la iluminación representa una parte muy diferente del consumo energético y las sociedades funcionan con sistemas mucho más complejos.

Además, los ciudadanos llevan años preguntándose si realmente merece la pena alterar dos veces al año el reloj oficial cuando los beneficios económicos del sistema son discutibles y existen posibles efectos sobre el sueño y los ritmos biológicos.

La pregunta parece cada vez más sencilla:

Si ya no existe una necesidad clara de cambiar la hora, ¿por qué seguimos haciéndolo?

2028 podría ser el año decisivo

Por ahora, no hay una decisión definitiva.

El Gobierno checo prepara su calendario hasta 2031 porque la Unión Europea todavía no ha conseguido cerrar el debate. Pero la presión para alcanzar una solución continúa.

El asunto podría recibir además un nuevo impulso si Estados Unidos avanza hacia la eliminación de su propio cambio horario.

Y si los Estados miembros finalmente consiguen ponerse de acuerdo, el otoño de 2028 aparece como una posible fecha de referencia.

El problema es que Europa todavía tiene que responder a la pregunta fundamental: ¿qué hora quiere para siempre?

¿La de invierno, más próxima al ritmo natural de la luz solar?

¿O la de verano, que ofrece tardes más largas y más luz después de la jornada laboral?

Quizá la auténtica paradoja sea que Europa lleva años intentando acabar con el cambio de hora, pero sigue sin ponerse de acuerdo precisamente sobre qué hora quiere conservar.

Mientras Bruselas decide, los relojes seguirán avanzando y retrocediendo.

Y en Chequia, como en el resto de Europa, tendremos que esperar todavía un poco más para saber si el 29 de octubre de 2028 será realmente la última vez.

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