+420 773 649 989 ramon.salgueiro@seznam.cz
El puente de Carlos

Democracia entre abucheos, banderas y café

El 17 de noviembre, Día de la Democracia checa, volvió a mostrar la profunda contradicción del espacio público en el país. Una jornada que debería ser símbolo de unidad, reflexión y memoria terminó convertida en un escenario donde cada actor político y cada grupo de simpatizantes proyectó sus tensiones, sus heridas y sus prioridades.

El ejemplo más visible llegó cuando Andrej Babiš, ganador de las elecciones de verano, apareció en la Narodní třída. No bien pisó la calle, los opositores al movimiento ANO lo recibieron con silbidos, gritos y pancartas en las que lo acusaban de “StBák”, un término que remite a los antiguos agentes de la policía secreta comunista. Otros fueron más lejos: lo llamaron fascista. Lo paradójico es que muchos de los que gritaban “democracia” parecían olvidar que esa misma democracia —la que dicen defender— fue la que permitió a Babiš ganar las elecciones.

La escena contrasta con la recepción al actual primer ministro, Petr Fiala. El líder del ODS salió de la sede de su partido escoltado por la policía y rodeado de seguidores mientras se dirigía a la misma calle nacional. Nadie lo abucheó. Nadie levantó pancartas. Nadie gritó consignas. Y sin embargo, Fiala encabeza una coalición derrotada, incapaz de imponerse al movimiento ANO en los últimos comicios. Otra paradoja más en un país que se define a sí mismo como políticamente racional, pero que en días como este deja al descubierto un mosaico emocional complejo.

Incluso símbolos tradicionalmente intocables fueron motivo de disputa. En el monumento a la Revolución de Terciopelo ondeaba una bandera ucraniana. Para algunos asistentes aquello representaba la lucha común por la libertad. Para los miembros del partido Svobodní, en cambio, era una provocación fuera de lugar: un día nacional checo, decían, no debería mezclarse con un conflicto extranjero. No faltaron discusiones acaloradas que, sin embargo, entran dentro del espíritu del día. Como bien apuntó Havlíček, de ANO, la democracia implica eso: disentir sin miedo a que el Estado aplaste la diferencia.

 

Quizá la imagen más destacada del día dice más que cualquier discurso. Mientras Fiala depositaba flores para homenajear a los líderes de 1989, Babiš —ya cumplidas sus obligaciones— se sentaba tranquilamente a tomar un café en una cafetería a pocos metros. Para unos, el gesto parecerá indiferencia. Para otros, normalidad. Para muchos, simplemente parte del teatro político que cada año acompaña las conmemoraciones.

Al final, la democracia checa volvió a celebrarse como tantas veces: entre abucheos y aplausos, entre símbolos discutidos, entre interpretaciones enfrentadas. Y, en el caso de Babiš, entre críticas… y un café caliente.

Free Tour por Praga