Chequeo social sin condiciones: el experimento checo que desafía los prejuicios sobre el sinhogarismo
Praga — En un contexto europeo donde el debate sobre la pobreza suele oscilar entre la asistencia limitada y la exigencia de contraprestaciones, un grupo de investigadores en la Universidad Carolina ha decidido probar lo contrario: confiar. Y los resultados, aunque aún parciales, invitan a replantear muchas ideas arraigadas.
El proyecto, denominado New Leaf Česko, ha convertido a la República Checa en el segundo país del mundo en experimentar con transferencias económicas directas e incondicionales a personas sin hogar. Durante un año, 40 participantes recibieron 100.000 coronas checas sin condiciones ni instrucciones. Otros 20 contaron con el acompañamiento intensivo de un trabajador social, mientras que un tercer grupo continuó bajo el sistema tradicional de asistencia.
Los resultados son claros: en todos los grupos hubo mejoras. Pero no todas las estrategias produjeron los mismos efectos.
Dinero sin condiciones, pero con responsabilidad
Uno de los prejuicios más extendidos —que las personas sin hogar gastarían rápidamente cualquier ayuda en alcohol o drogas— no se confirmó. Ninguno de los beneficiarios dilapidó el dinero de forma inmediata. Al contrario, en los primeros meses aumentaron sus gastos en necesidades básicas: comida, ropa y, sobre todo, vivienda.
“En la calle no puedes cocinarte unos espaguetis ni presentarte a una entrevista con dignidad”, explicó Melanie Zajacová, líder del estudio. Los datos lo reflejan: el primer mes, los participantes con ayuda económica invirtieron significativamente más en alimentación, alojamiento y vestimenta.
Además, tras un año, cuatro de cada cinco personas de este grupo habían encontrado empleo, aunque con ingresos aún muy por debajo de la media de Praga.
El valor del acompañamiento humano
Sin embargo, el experimento revela un matiz clave: el dinero ayuda, pero no basta. El grupo que contó con trabajadores sociales mostró una mayor estabilidad a largo plazo. Aunque menos personas accedieron inicialmente a vivienda, una proporción mucho mayor logró mantenerla con el tiempo.
También se registró una mejora significativa en la salud mental de estos participantes. No porque recibieran terapia, sino por algo más básico: trato humano, acompañamiento y orientación.
“Los trabajadores sociales no actuaron como terapeutas. Se limitaron a estar ahí, a ofrecer opciones y a acompañar en pequeños logros cotidianos”, señaló Zajacová.
Menos consumo, más integración
Otro dato relevante es la evolución del consumo de sustancias. Mientras que al inicio los participantes gastaban cantidades similares en alcohol y drogas, al cabo de un año el consumo disminuyó en todos los grupos, especialmente entre quienes recibieron apoyo profesional.
En el caso del grupo con ayuda económica directa, el gasto en drogas desapareció por completo.
Más allá del experimento
Inspirado en iniciativas previas en Canadá, el proyecto checo busca no solo medir el impacto social, sino también el económico. Los investigadores trabajan ahora en calcular cuánto podría ahorrar el Estado si apostara por este tipo de políticas, reduciendo el uso de servicios de emergencia, albergues y atención sanitaria.
Con un coste total de 12 millones de coronas —financiado en parte por el Fondo Social Europeo—, el experimento abre una pregunta incómoda: ¿es más caro no hacer nada?
Romper el relato
Más allá de cifras, el estudio apunta a desmontar un relato profundamente arraigado: que las personas sin hogar están en esa situación por elección, falta de voluntad o adicciones inevitables.
Los datos sugieren lo contrario. Cuando se les ofrece una base mínima —dinero o acompañamiento—, la mayoría no solo mejora su situación, sino que busca activamente reintegrarse.
“Los datos muestran que confiar en las personas merece la pena”, concluye Zajacová.
En tiempos donde la desconfianza suele guiar las políticas sociales, este experimento checo plantea una idea radical por su sencillez: quizá la solución no sea controlar más, sino apoyar mejor
