De Praga a Hollywood: la huella checa en los Premios Óscar
Aunque los Premios Óscar se entregaron por primera vez en 1929 en Estados Unidos, el reconocimiento al cine internacional tardó en consolidarse. No fue hasta 1948 cuando una película extranjera logró imponerse, y la categoría oficial de Mejor Película en Lengua No Inglesa no se estableció hasta 1956.
Desde entonces, el cine checoslovaco y checo ha dejado una huella profunda. Tres películas han logrado alzarse con la estatuilla: La tienda del paseo, Trenes rigurosamente vigilados y Kolja. Pero su influencia va mucho más allá de estos títulos.
Tres Óscar que marcaron una cinematografía
El primer gran triunfo llegó en 1965 con La tienda del paseo, dirigida por Ján Kadár y Elmar Klos. Basada en una obra de Ladislav Grosman, la película retrata la persecución de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Aunque la historia se sitúa en Humenné, el rodaje tuvo lugar en Sabinov, en Eslovaquia, donde aún hoy se recuerda con una placa y una exposición.
La actriz Ida Kamińska fue nominada al Óscar, aunque el premio finalmente fue para Elizabeth Taylor por ¿Quién teme a Virginia Woolf?.
Dos años más tarde, en 1967, Trenes rigurosamente vigilados, del director Jiří Menzel, conquistó Hollywood. Basada en un relato de Bohumil Hrabal, la película mezcla humor y tragedia en el contexto de la ocupación nazi. Su rodaje se realizó principalmente en Loděnice, cerca de Praga, donde hoy existe un pequeño museo dedicado a la cinta.
El tercer Óscar llegó en 1996 con Kolja, dirigida por Jan Svěrák, una historia íntima ambientada en la caída del comunismo. El rodaje comenzó en el cementerio de Vinohrady, uno de los lugares más emblemáticos de la capital checa.
Miloš Forman: el puente entre dos mundos
Hablar del cine checo en los Óscar es hablar de Miloš Forman. Exiliado tras la Primavera de Praga, Forman triunfó en Hollywood con Alguien voló sobre el nido del cuco y alcanzó la cima con Amadeus en 1985, una película que ganó ocho premios Óscar.
Rodada en gran parte en Praga y Kroměříž, la película convirtió a la ciudad en un gigantesco plató histórico. Espacios como el Teatro de los Estados —donde Wolfgang Amadeus Mozart estrenó Don Giovanni— fueron claves en la ambientación.
Uno de los episodios más curiosos del rodaje ocurrió el 4 de julio de 1983: en plena Checoslovaquia comunista, el equipo celebró el Día de la Independencia de Estados Unidos dentro del teatro, bajo la atenta vigilancia de la policía secreta.
Más allá de los ganadores: una tradición constante
Numerosas películas checas han sido nominadas a los Óscar sin lograr la victoria, como Amor de una rubia, La luz olvidada o El pájaro pintado. Todas ellas reflejan una cinematografía marcada por la sensibilidad social, el humor irónico y la memoria histórica.
Al mismo tiempo, técnicos, diseñadores y estudios checos han participado en producciones internacionales. Desde efectos visuales hasta vestuario, la industria del país se ha convertido en un socio clave para grandes producciones.
Praga, escenario global del cine
En las últimas décadas, Praga se ha consolidado como uno de los principales centros de rodaje en Europa. Películas como Sin novedad en el frente (2023), ganadora de cuatro Óscar, utilizaron localizaciones en Žatec, Milovice o los estudios Barrandov.
También Nosferatu, dirigida por Robert Eggers, eligió castillos y paisajes checos para recrear su atmósfera gótica, incluyendo el castillo de Pernštejn y localizaciones en Bohemia.
El presente: una nueva generación en los Óscar
La influencia checa sigue vigente. En los Premios Óscar 2026, el documental Mr. Nobody Against Putin, del director David Borenstein junto al ruso Pavel Talankin, logró la estatuilla con participación de la productora checa PINK.
Además, proyectos como I Died in Irpin o trabajos de animación y documental continúan posicionando al país en el mapa internacional.
Una identidad cinematográfica que trasciende fronteras
Desde la sátira de Jiří Menzel hasta el drama histórico de Miloš Forman, el cine checo ha sabido construir una identidad propia, reconocible y profundamente humana.
Más que premios, su verdadero legado reside en su capacidad para contar historias universales desde una perspectiva local. Y en ese diálogo entre lo íntimo y lo global, la República Checa sigue ocupando un lugar destacado en la historia del cine mundial.
