Detención por presunto espionaje chino reabre el debate sobre el giro de Praga hacia Pekín
La detención, el pasado sábado, de una persona sospechosa de trabajar para el servicio de inteligencia chino ha vuelto a situar las relaciones entre la República Checa y China en el centro del debate político y de seguridad nacional. El caso, confirmado por el Servicio de Información de Seguridad (BIS) y por la Policía checa, se produce en un momento de redefinición estratégica de la política exterior del país hacia Pekín tras el cambio de gobierno.
Según informó el BIS en la red social X, la mañana del sábado 18 de enero la policía detuvo a una persona sospechosa de pertenecer a los servicios de inteligencia de la República Popular China. Posteriormente, fue acusada de realizar actividades no autorizadas para una potencia extranjera. Las autoridades no han precisado si se trata de un hombre o una mujer. En la investigación coopera también la Fiscalía Superior del Estado de Praga, que proporcionará más información conforme avance el procedimiento judicial.
La legislación checa establece que este delito puede castigarse con hasta cinco años de prisión en su forma básica y hasta quince años en caso de estado de guerra. La norma se aplica a quienes trabajen para un Estado u organización extranjera con la intención de amenazar o dañar el orden constitucional, la soberanía, la integridad territorial, la defensa o la seguridad de la República Checa. Se trata del primer caso conocido instruido bajo esta figura legal, introducida para reforzar la capacidad del Estado frente a actividades de espionaje.
El arresto adquiere una dimensión política adicional tras las declaraciones previas del vicepresidente del movimiento ANO, Radek Vondráček, quien afirmó que la actual coalición gubernamental planea abolir este delito coincidiendo con la visita de Su Santidad el Dalai Lama a la India, prevista para el 26 de julio de 2025, una afirmación que ha generado fuertes críticas en círculos de seguridad.
Un cambio de rumbo hacia China
El caso se produce en un contexto de anunciado “giro de 180 grados” en las relaciones con la China comunista por parte del nuevo gobierno. Tras años de relaciones frías bajo el mandato del primer ministro Petr Fiala, el gabinete encabezado por Andrej Babiš busca relanzar los vínculos económicos y políticos con Pekín.
Un diputado chino ya habría explorado recientemente las posibilidades de cooperación en Praga, y no se descarta un viaje del primer ministro checo a Pekín. El asesor de seguridad nacional, Hynek Kmoníček, defendió esta aproximación señalando que “no tiene sentido que estemos ausentes del mercado chino”, aunque subrayó que cualquier cooperación debe ser “segura y rentable”.
Kmoníček insistió, sin embargo, en que este acercamiento no implica un cambio en la postura checa respecto a Taiwán. Según afirmó, la importancia estratégica de la isla en la producción de microchips hace inevitable que actores globales mantengan relaciones con Taipéi. En este contexto, el martes se reunió con la viceministra de Asuntos Exteriores china, Hua Chunying, en una visita solicitada por Pekín, según confirmó el Ministerio de Asuntos Exteriores checo, que evitó dar detalles sobre el contenido del encuentro.
El eurodiputado Jan Zahradil celebró públicamente la visita, afirmando que el “trabajo de reparación” de lo que, a su juicio, destruyó el gobierno anterior acaba de comenzar. Pekín considera tanto las visitas oficiales a Taiwán como los contactos con el Dalai Lama líneas rojas en sus relaciones exteriores. Tras la visita del presidente checo Petr Pavel al líder espiritual tibetano el verano pasado, China anunció la suspensión de contactos con el Castillo de Praga, aunque la Oficina del Presidente respondió que no existía ya comunicación directa a nivel presidencial.
Espionaje y seguridad: el trasfondo de la desconfianza
Más allá de los gestos diplomáticos, las relaciones entre Chequia y China entre 2020 y 2025 han estado marcadas por una creciente desconfianza en materia de seguridad. Uno de los episodios más graves fue el ciberataque prolongado contra el Ministerio de Asuntos Exteriores checo, iniciado al menos en 2022 y atribuido oficialmente en 2025 al grupo APT31, vinculado al Ministerio de Seguridad del Estado chino. Según el gobierno, los atacantes accedieron a comunicaciones internas diplomáticas en sistemas no clasificados.
En mayo de 2025, Praga acusó formalmente a China de esta campaña de ciberespionaje, convocó al embajador chino y recibió el respaldo público de la Unión Europea, la OTAN y varios aliados occidentales. Como respuesta, el ministerio afectado tuvo que reconstruir parte de su infraestructura digital, mientras las agencias de inteligencia intensificaron sus advertencias sobre los riesgos asociados a tecnologías de origen chino.
Ese mismo año, el gobierno bloqueó la participación de una empresa china, Emposat, en un proyecto de estación satelital por motivos de seguridad nacional, ante el temor de que la infraestructura pudiera utilizarse con fines de espionaje. También se prohibió el uso de un sistema de inteligencia artificial desarrollado por una empresa china, al considerar que la legislación del país asiático podría obligar a compartir datos con sus servicios de inteligencia.
A estos casos se sumó en 2024 un incidente diplomático relacionado con la visita de la vicepresidenta de Taiwán a Praga. Informes periodísticos señalaron que funcionarios chinos, presuntamente vinculados a la embajada, habrían planeado un choque deliberado contra su vehículo. Aunque el plan no se ejecutó, el episodio fue considerado grave y derivó en una protesta diplomática formal.
Un equilibrio incierto
La experta Ivana Karásková, de la Asociación de Asuntos Internacionales, considera que, pese a la retórica del nuevo gobierno, no se producirán cambios radicales. A su juicio, Pekín aceptará una reducción del apoyo retórico a Taiwán y una menor frecuencia de visitas oficiales, pero la República Checa no estará dispuesta a sacrificar cooperaciones sensibles ni a irritar a sus socios occidentales por razones económicas.
La detención por presunto espionaje chino pone así de relieve la tensión entre el deseo de normalizar relaciones económicas con la segunda mayor potencia mundial y la necesidad de proteger la seguridad nacional. El desarrollo del caso judicial y las decisiones políticas que lo acompañen marcarán hasta qué punto Praga está dispuesta a redefinir sus límites en una relación históricamente compleja y cada vez más vigilada.
