Manifestaciones enfrentadas en la Pequeña Ciudad de Praga reflejan la crisis del debate sobre Venezuela
Praga, 10 de enero — La tarde del sábado, a las 14:30, la histórica Pequeña Ciudad de Praga (Malá Strana) fue escenario de dos manifestaciones contrapuestas frente a la embajada de Estados Unidos, en torno a la reciente operación militar estadounidense en Venezuela y la salida del poder de Nicolás Maduro.
La protesta coincidió con declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, quien fue preguntado por periodistas sobre si Washington podría repetir una operación similar —como la realizada en Venezuela— contra otro líder mundial, en referencia al presidente ruso Vladimir Putin. Trump respondió que no lo considera necesario y aseguró que sigue confiando en una solución diplomática para la guerra en Ucrania, que ya dura casi cuatro años.
“Creo que no será necesario. Siempre he tenido buenas relaciones con Putin, aunque ahora estoy muy decepcionado”, afirmó el mandatario. Trump aseguró además que ha “resuelto ocho guerras” y que pensó que el conflicto entre Rusia y Ucrania sería más fácil de solucionar. Según él, Rusia ha perdido más de 31.000 soldados en el último mes y su economía atraviesa una situación difícil, lo que —a su juicio— podría facilitar un acuerdo.
Mientras estas declaraciones se difundían en los medios, en Praga se vivía una escena de fuerte polarización política.

Dos visiones opuestas
Por un lado, un grupo de ciudadanos venezolanos celebró lo que calificaron como una intervención “quirúrgica” por parte de Estados Unidos. Coreaban consignas como “Libertad” y “Democracia”, y consideraban la salida de Maduro como el final de una etapa de autoritarismo y el inicio de una posible transición democrática en su país.
En la acera opuesta, otro grupo de manifestantes denunciaba la operación como un acto de intervencionismo político, acusando a Estados Unidos de imperialismo y exigiendo que Washington “saque las manos de Venezuela”. Sus consignas apuntaban directamente contra Donald Trump y la política exterior estadounidense, a la que responsabilizan de vulnerar la soberanía venezolana.
La escena, en una de las zonas más simbólicas y turísticas de la capital checa, reflejó la persistencia de una vieja confrontación ideológica entre discursos de izquierda y derecha que, según varios observadores, repiten argumentos desgastados sin ofrecer soluciones concretas para el futuro de Venezuela.
Una transición bajo sospecha
Aunque los manifestantes favorables a la intervención celebraban la caída de Maduro, en Caracas continúan en el poder figuras clave del antiguo régimen como Delcy Rodríguez, Jorge Rodríguez, Vladimir Padrino López y Diosdado Cabello. Para muchos críticos, esto pone en duda la posibilidad de una transición democrática real.
Desde Washington, figuras como Marco Rubio y el propio Donald Trump sostienen que estas medidas son necesarias para impulsar un proceso de democratización. Sin embargo, la permanencia de altos cargos vinculados al chavismo genera desconfianza: mientras sigan controlando las instituciones, dispondrán de tiempo para ocultar pruebas, eliminar responsabilidades y proteger redes de poder construidas durante años.
Además, una transición liderada por personas que enfrentan acusaciones de violaciones de derechos humanos y delitos contra el Estado venezolano podría dar lugar, según analistas, a una “democracia enferma” desde su origen.
Críticas desde la izquierda y el factor geopolítico

Del lado contrario, los sectores más críticos con Estados Unidos insisten en describir al país norteamericano como una potencia imperialista, pero rara vez abordan el impacto geopolítico y económico de que el petróleo venezolano quede bajo control de empresas estadounidenses.
Lo ocurrido en Venezuela marca, para muchos, un nuevo capítulo en la reorganización del poder mundial. Desde la caída de la Unión Soviética, Estados Unidos ha actuado como una especie de “policía global”. Europa, por su parte, no ha logrado resolver conflictos bélicos importantes sin el apoyo militar estadounidense, como ocurrió en la antigua Yugoslavia en los años noventa.
Actualmente, el conflicto en Ucrania vuelve a mostrar la incapacidad europea para encontrar una solución diplomática propia. En lugar de buscar un acuerdo con Moscú, se ha optado por una confrontación directa con Rusia, olvidando que este país era uno de los principales proveedores de gas y petróleo para el continente.
Europa, Rusia y el avance de China
En este contexto, resulta significativo que el presidente español Pedro Sánchez haya sido uno de los pocos líderes europeos en advertir sobre los riesgos de la política exterior de Donald Trump, especialmente tras sus declaraciones sobre Groenlandia, una de las últimas regiones con reservas estratégicas de petróleo fuera del control estadounidense en el mundo occidental.
Más que una lucha entre “buenos y malos”, lo que está en juego es una reconfiguración del orden mundial. Europa tiene un papel clave, pero deberá abandonar su enfoque confrontativo con Rusia y buscar vías de diálogo. Moscú sigue siendo una pieza estratégica para frenar la expansión de la influencia china en el escenario global.
Una protesta, muchas preguntas
Las manifestaciones en la Pequeña Ciudad de Praga no solo reflejaron la división de opiniones sobre Venezuela, sino también la falta de propuestas claras para su reconstrucción política. Entre consignas de celebración y denuncias de imperialismo, quedó en evidencia que el debate sigue atrapado en viejas narrativas, mientras el futuro del país sudamericano permanece lleno de incertidumbre.
