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La crisis de los pisos turísticos en Praga: el pulso entre el negocio del alquiler a corto plazo y la supervivencia de los vecinos del centro histórico

Praga se encuentra en una encrucijada crucial sobre su identidad. Lo que en su día comenzó como una plataforma para compartir viviendas de manera ocasional se ha transformado en un lucrativo negocio inmobiliario masivo que está vaciando el corazón de la capital checa. El debate sobre el impacto del overtourism (sobreturismo) y la crisis de vivienda ha alcanzado un punto crítico, especialmente en el distrito histórico de Praga 1.

Un modelo de negocio que expulsa a los residentes

Los datos del Instituto de Planificación y Desarrollo de Praga (IPR) revelan que más de la mitad de la oferta de alquileres a corto plazo en la ciudad está controlada por anfitriones que gestionan cinco o más unidades habitacionales. Entre los actores más destacados de este sector figuran grandes empresarios e incluso exfiguras políticas, como el exalcalde de Praga 1, Filip Dvořák, o la empresaria Ivana Tykač.

Ejemplos polémicos como el de la firma Meltex —vinculada a Tykač— ilustran la magnitud del problema. La compañía adquirió espacios de buhardilla en un edificio municipal en la calle Jindřišská con el compromiso de crear viviendas para residentes locales. Sin embargo, tras una controvertida transformación y recalificación, los espacios terminaron convertidos en apartamentos de lujo destinados al alquiler turístico. Investigaciones periodísticas recuerdan que empresas conectadas a los Tykač y a exresponsables municipales ya acumularon en el pasado decenas de espacios similares en el centro histórico, consolidándose como gigantes del sector.

Para los habitantes permanentes, convivir con este modelo se ha vuelto insostenible. Con el paso de los años, los edificios residenciales se han convertido en hoteles sin recepción. Como señala Vojtěch Ryvola, concejal de Praga 1 y presidente del partido GEN, los vecinos sufren a diario las consecuencias de este trasiego: ruido nocturno, maletas arrastrándose por los adoquines, basura, suciedad en los portales y un constante desfile de extraños en las zonas comunes.

El respaldo ciudadano y la batalla legal

La presión social ha derivado en acciones concretas. En un referéndum local celebrado a principios de octubre, el 72,26 % de los votantes participantes respaldó limitar el alojamiento a corto plazo en viviendas destinadas al uso residencial. Pese a la alta participación, las autoridades locales advierten que las soluciones municipales siguen topándose con vacíos legales.

Desde el Ayuntamiento de Praga 1 se reclama una defensa férrea del fondo de vivienda. La alcaldesa del distrito, Terezie Radoměřská, insiste en que los registros actuales y la falta de controles estatales efectivos dejan indefensos a los vecinos. La exigencia principal del consistorio es clara: antes de conceder cualquier número de registro, debe comprobarse fehacientemente quién es el propietario, quién alquila el espacio, cuál es su título jurídico y si el uso real coincide con la normativa urbanística y de construcción.

¿Hacia una regulación estricta o un parque temático?

Frente a la ineficacia de las inspecciones físicas tradicionales ante miles de apartamentos turísticos, los representantes municipales abogan por un sistema basado en datos y licencias obligatorias.

Las propuestas sobre la mesa incluyen:

  • Obligatoriedad de licencias: Cada piso destinado al alquiler temporal debe contar con un número de registro único que aparezca de forma obligatoria en cualquier anuncio de internet, bajo pena de retirada inmediata de la plataforma.

  • Transparencia mediante códigos QR: Los accesos a las viviendas deberían incorporar códigos QR visibles que permitan a cualquier vecino consultar el responsable, los contactos de emergencia 24 horas, la capacidad máxima permitida y la normativa de convivencia.

  • Colaboración de las plataformas digitales: Las empresas intermediarias deben rendir cuentas y compartir datos en tiempo real con las administraciones para garantizar que los inmuebles cumplen con las normas y pagan los impuestos correspondientes.

El dilema al que se enfrenta la capital checa trasciende la simple convivencia vecinal. Praga debe decidir si aspira a ser una metrópoli donde sus ciudadanos puedan desarrollar una vida cotidiana sostenible o si prefiere consolidarse como un mero parque temático turístico, donde los locales queden reducidos a meros espectadores en su propia casa.

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