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Más turistas, pero menos negocio: el turismo checo crece a dos velocidades

Praga — Las cifras del turismo checo correspondientes al segundo trimestre parecen, a primera vista, positivas. Los hoteles, pensiones y otros establecimientos de alojamiento recibieron 6,37 millones de visitantes, un 0,5 % más que un año antes. Los turistas nacionales aumentaron un 0,9 % y los extranjeros se mantuvieron prácticamente estables.

Pero detrás de estas cifras aparentemente tranquilizadoras se esconde una realidad bastante más compleja: el turismo checo está creciendo, pero no todos están creciendo de la misma manera.

Y, sobre todo, existe una pregunta que merece más atención: ¿de qué sirve tener más turistas si los hoteles ingresan menos?

Más visitantes, pero menos ingresos en los hoteles

Entre abril y junio pasaron por los establecimientos turísticos checos 6,37 millones de personas. Generaron 15,1 millones de pernoctaciones, un 0,3 % más que en el mismo periodo del año anterior.

Los turistas nacionales fueron 3,44 millones, mientras que los extranjeros alcanzaron los 2,94 millones.

Hasta aquí, buenas noticias.

El problema aparece cuando observamos el dinero.

Los ingresos del sector de alojamiento, restauración y hostelería crecieron solamente un 0,9 %. Pero esta cifra esconde dos realidades completamente diferentes.

La restauración y la hostelería aumentaron sus ingresos un 2,3 %.

Los establecimientos de alojamiento, en cambio, sufrieron una caída del 5,3 %.

Es difícil encontrar una mejor demostración de que más turistas no significa necesariamente más rentabilidad.

El economista Petr Dufek, de Banka Creditas, ha señalado además que el alojamiento continúa aproximadamente un tercio por debajo de los niveles reales de 2019.

La conclusión es incómoda: el turismo puede estar recuperando visitantes sin recuperar completamente el negocio.

Praga sigue jugando en otra liga

Y aquí aparece el gran protagonista: Praga.

La capital continúa concentrando una parte desproporcionada del turismo internacional que llega a la República Checa.

Mientras los turistas nacionales se distribuyen por diferentes regiones, los extranjeros siguen concentrándose especialmente en la capital.

Esto crea una República Checa turística dividida en dos.

Por un lado, tenemos Praga, que atrae al visitante internacional gracias a su patrimonio, arquitectura, gastronomía, cultura, eventos y una oferta turística consolidada.

Por otro, muchas regiones dependen fundamentalmente del turismo doméstico.

No es necesariamente algo negativo. El turismo nacional es una fortaleza que permite mantener ocupados hoteles, restaurantes y atracciones durante buena parte del año.

El problema aparece cuando se observa la diferencia entre ambos mercados.

Un turista internacional que llega a Praga no solamente paga por una habitación. Consume restaurantes, visitas guiadas, museos, transporte, compras, espectáculos y experiencias.

Cada visitante puede generar una cadena de ingresos mucho más amplia.

El nuevo turista de Praga busca cultura

Hay además un cambio interesante en el perfil del visitante.

Los datos de Tourism Insights de Mastercard muestran que durante el primer semestre de 2026 más de un tercio de las publicaciones realizadas en redes sociales por visitantes de Praga estaban relacionadas con cultura o arte.

El porcentaje aumentó aproximadamente cinco puntos porcentuales respecto al año anterior.

Esto debería ser tomado muy en serio.

Praga no puede competir únicamente como destino de cerveza barata, monumentos bonitos y escapadas de fin de semana.

Tiene algo mucho más valioso: cultura.

Castillos, iglesias, arquitectura, música, literatura, arte contemporáneo, historia, museos, teatros y patrimonio.

Y existe un turista internacional dispuesto a pagar por conocer todo eso.

La cuestión es si la ciudad y el país están preparados para transformar ese interés cultural en un mayor valor económico.

El problema no es solamente atraer turistas

Durante años hemos repetido que la solución para el turismo consiste en atraer más visitantes.

Quizá deberíamos empezar a hacernos otra pregunta:

¿Necesitamos realmente más turistas o necesitamos turistas que permanezcan más tiempo y gasten más?

En el segundo trimestre, tanto los turistas nacionales como los extranjeros realizaron una media de aproximadamente 2,4 noches por visitante.

Ese dato debería hacernos reflexionar.

Si conseguimos que un visitante permanezca una noche adicional, el impacto económico puede ser mucho mayor que simplemente aumentar el número de llegadas.

Una noche más significa una habitación más, una cena más, un desayuno más, posiblemente una visita guiada, una entrada a un museo, transporte y consumo adicional.

Por eso la estrategia turística del futuro no debería basarse únicamente en volumen.

Debe basarse en valor.

Fuera de Praga hay un enorme potencial desaprovechado

La concentración del turismo extranjero en Praga también representa una oportunidad.

Si un visitante ya ha llegado a la República Checa, ¿por qué no convencerlo de pasar dos o tres días adicionales en otras ciudades y regiones?

Český Krumlov, Karlovy Vary, Brno, Olomouc, Liberec, Kutná Hora, Litomyšl o las regiones vinícolas de Moravia tienen argumentos suficientes para atraer visitantes.

Pero tener patrimonio no es suficiente.

El turista tiene que conocerlo.

Como señaló Tomáš Prouza, los visitantes están dispuestos a viajar por experiencias deportivas, culturales y turísticas interesantes, pero primero tienen que saber que existen.

Ahí está uno de los grandes errores de la política turística checa: tener una oferta no significa automáticamente saber venderla.

La paradoja de los hoteles

El dato más preocupante de las estadísticas es probablemente el descenso del 5,3 % de los ingresos del alojamiento.

¿Cómo puede suceder esto cuando aumenta ligeramente el número de visitantes?

Hay varias explicaciones posibles: competencia, cambios en los hábitos de consumo, precios, duración de las estancias, composición del turismo y presión sobre los costes.

Pero existe otra cuestión que no debería ignorarse.

El turismo se ha convertido en un sector extremadamente competitivo.

Los hoteles tienen que pagar salarios más altos, energía, mantenimiento, plataformas de reservas, impuestos, suministros y otros costes.

Al mismo tiempo, el consumidor puede comparar cientos de alojamientos en segundos.

El resultado es una guerra permanente por el precio.

Y cuando los hoteles reducen precios para llenar habitaciones, pueden aumentar la ocupación sin aumentar necesariamente la rentabilidad.

Tener la habitación ocupada no siempre significa ganar dinero.

Mientras tanto, los servicios sí crecen

La paradoja resulta todavía más interesante cuando observamos el conjunto de la economía de servicios.

En el segundo trimestre, los ingresos del sector servicios checo aumentaron un 3,1 % interanual, acelerándose respecto al 2,3 % del primer trimestre.

Las actividades profesionales, científicas y técnicas crecieron un 7,1 %.

El transporte y almacenamiento aumentaron un 4,6 %.

Las tecnologías de la información crecieron un 3,9 %.

Pero las agencias de viajes sufrieron una caída del 5,7 % en sus ingresos.

Esto demuestra que no existe un único „sector servicios“.

Hay una economía de servicios que está creciendo con fuerza y otra que está teniendo muchas más dificultades.

Y el turismo se encuentra precisamente en medio de esta transformación.

El turista está cambiando

Quizá la principal conclusión de estos datos sea que el turista de 2026 no es exactamente el mismo que el de hace diez años.

Busca experiencias.

Busca cultura.

Busca gastronomía.

Busca autenticidad.

Está dispuesto a gastar, pero quiere saber por qué está pagando.

Y las ciudades que entiendan esta transformación tendrán una enorme ventaja.

Praga ya tiene el producto.

Tiene el patrimonio.

Tiene la historia.

Tiene una de las ciudades históricas más impresionantes de Europa.

Lo que necesita ahora es transformar ese patrimonio en experiencias de mayor valor y distribuir mejor los beneficios del turismo.

¿Más turistas o mejor turismo?

La República Checa no debería obsesionarse con superar cada año el récord anterior de visitantes.

Un millón más de turistas no necesariamente significa un millón más de oportunidades.

Puede significar también más congestión, más presión sobre los precios de la vivienda, más residuos, más saturación y una mayor dependencia de un sector vulnerable a las crisis internacionales.

La verdadera victoria sería diferente.

Conseguir que el turista que llega a Praga permanezca más tiempo.

Que visite una segunda ciudad.

Que conozca una región.

Que acuda a un museo.

Que contrate una visita guiada.

Que coma en un restaurante local.

Que compre productos checos.

Que vuelva.

Y, sobre todo, que gaste más porque encuentra más razones para hacerlo, no simplemente porque los precios hayan subido.

Praga tiene el problema y también la solución

La capital seguirá siendo el motor turístico internacional de la República Checa.

Eso no va a cambiar.

Pero precisamente por eso Praga debería convertirse también en la puerta de entrada al resto del país.

El visitante que viene tres días podría quedarse cinco.

El que conoce Praga podría descubrir Kutná Hora.

El que visita el Castillo de Praga podría viajar después a Karlovy Vary.

El que llega por la cultura podría descubrir la gastronomía de Moravia.

Y el que viene por un fin de semana podría regresar para conocer otra parte del país.

Ahí está el verdadero crecimiento que necesita el turismo checo.

No necesariamente más turistas.

Más tiempo, más experiencias, más gasto local y una distribución más equilibrada.

Las cifras del segundo trimestre dejan una advertencia clara: el turismo checo ya no puede medirse solamente contando cabezas en las recepciones de los hoteles.

Porque podemos tener más visitantes y, al mismo tiempo, menos ingresos en el alojamiento.

Podemos tener más turistas y regiones que siguen dependiendo casi exclusivamente de los checos.

Podemos tener una Praga llena y un país que todavía no aprovecha todo su potencial.

El futuro del turismo checo no dependerá únicamente de cuántas personas crucen la frontera.

Dependerá de qué hacemos con ellas cuando llegan.

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