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Cuando los políticos le cuentan las costillas a los periodistas. ¿Qué se juega realmente en la batalla por los medios checos?

La escena mediática checa se encuentra sacudida por un nuevo episodio de una serie de disputas que, aunque a primera vista parecen anecdóticas, resultan alarmantes en el fondo. El primer ministro  Andrej Babiš, aprovechó una rueda de prensa para lanzar dardos contra el veterano periodista Václava Moravec tras la salida de este de la televisión pública (ČT) y el lanzamiento de su nuevo proyecto digital, Moravec.cz. Babiš, entre risas, cuestionó públicamente los costes del formato y el dinero que el periodista „se embolsa“ ahora a costa de la audiencia. Moravec no tardó en responder con ironía, invitando al político a suscribirse a su plataforma para „apoyar el periodismo independiente“.

En la superficie, esto parece el clásico folklore político local: un poco de veneno, ironía y las respectivas hinchadas aplaudiendo en redes sociales. Sin embargo, detrás de este espectáculo se esconde una tendencia mucho más profunda y peligrosa que amenaza los cimientos de la democracia en la República Checa: la presión sistemática contra quienes ejercen el control del poder.

De la crítica legítima a la caza de brujas

Por definición, los políticos y los periodistas no están para ser amigos. El periodista debe hacer preguntas incómodas y el político debe rendir cuentas. Sin embargo, lo que estamos presenciando últimamente ha cruzado la frontera de la fiscalización habitual para convertirse en un ataque frontal a la integridad periodística. El objetivo es claro: dinamitar la credibilidad de cualquiera que se niegue a actuar como un simple micrófono de la propaganda partidista.

Cuando figuras de la órbita populista, como Jindřich Rajchl (líder del partido PRO), atacan con dureza a reporteros de investigación de medios como Seznam Zprávy o Deník N, no buscan un debate de ideas. El resultado directo son linchamientos digitales con cientos de comentarios de odio y amenazas de muerte explícitas. La gravedad es tal que el Instituto Internacional de Prensa (IPI) ha tenido que exigir formalmente a los líderes parlamentarios que frenen esta retórica. La respuesta suele ser el silencio o la justificación bajo el lema de que „están pagando con la misma moneda“.

Este estilo de comunicación envía un mensaje corrosivo a la sociedad: el periodista es el enemigo y es legítimo destruirlo económica, verbal y personalmente.

La pinza económica: El gran capital y el ahogo de lo público

El acoso a los medios no solo se da en los atriles de prensa, sino que avanza a través de una reconfiguración estructural del mapa de medios checo que favorece a los grandes conglomerados a expensas del pluralismo:

  • Concentración de la propiedad: La reciente venta del 50% del grupo mediático Mafra al multimillonario Pavel Tykač confirma que los medios de comunicación en Chequia siguen siendo vistos como herramientas de influencia y poder estratégico por parte de las fortunas más grandes del país.

  • Asfixia financiera a los medios públicos: Mientras los operadores comerciales presionan legítimamente para defender sus intereses frente a la nueva legislación de medios del gobierno, el Estado pretende someter a la televisión (Česká televize) y a la radio pública (Český rozhlas) a una dieta draconiana. El plan de recortar drásticamente sus presupuestos anuales y sustituir los cánones tradicionales por asignaciones fijadas por el Parlamento ata de pies y manos la independencia editorial, dejando la financiación a merced del gobierno de turno.

Si el Estado le quita a la televisión pública un tercio de su presupuesto y convierte su financiación en una partida que los políticos votan cada año, deja de ser un servicio público y pasa a ser un medio que depende de la buena voluntad de la coalición gobernante.

La libertad de prensa en Chequia: Datos en la élite, pero con señales de alerta

La magnitud del desafío se refleja claramente en los datos globales. Según el Índice Mundial de la Libertad de Prensa 2026 de Reporteros sin Fronteras (RSF), la libertad de prensa a nivel global ha caído a sus niveles más bajos en el último cuarto de siglo debido a la creciente polarización y el uso de leyes restrictivas.

La República Checa se mantiene en una posición privilegiada dentro del club de países con una situación „satisfactoria“, pero los datos recientes muestran una preocupante tendencia al estancamiento y al retroceso debido a las tensiones políticas:

Año Puesto de la Rep. Checa (RSF) Evolución Causas principales del diagnóstico de RSF
2025 Puesto 10 ▲ +7 puestos Alivio temporal tras el fin de los ataques sistemáticos de la era Zeman y reformas de estabilización.
2026 Puesto 11 ▼ -1 puesto Debilitamiento de las garantías financieras de los medios públicos, ataques verbales de líderes populistas y acoso digital a reporteros.

RSF advierte explícitamente de que, aunque la Ley Europea de Libertad de los Medios de Comunicación (EMFA) busca blindar la independencia, las reformas legislativas locales y la hostilidad verbal de la clase política están erosionando la confianza ciudadana en el periodismo.

El avance del populismo y su receta contra la información

Las experiencias de vecinos cercanos como Eslovaquia (que se desplomó al puesto 37 tras la intervención directa del gobierno en la radiotelevisión pública RTVS) o Hungría (puesto 74) demuestre la velocidad con la que se puede desmantelar un ecosistema de medios libre. La receta del populismo siempre sigue los mismos pasos:

  1. Señalar a los periodistas incómodos como „mentirosos“, „corruptos“ o „manipuladores“.

  2. Escrutar sus ingresos y costes como si la sostenibilidad económica del periodismo independiente fuera un delito.

  3. Recortar los fondos de los medios públicos para mermar su capacidad de realizar periodismo de investigación profundo.

Cuando los líderes políticos ironizan sobre lo que „cobra“ un periodista por una suscripción digital, están atacando el principio fundamental de que la información de calidad cuesta dinero. El populismo prospera mejor allí donde la información es aparentemente gratuita, porque cuando nadie paga por ella, el precio lo acaba pagando la salud democrática de todo el país.

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