“Mikulecký advierte sobre Irán y EE. UU.; América Latina ya está implicada”
Ante las próximas elecciones en Estados Unidos, el presidente Donald Trump enfrenta un dilema estratégico en el Golfo Pérsico: escalar el conflicto o retirarse de la región. Así lo afirmó el experto en seguridad Milan Mikulecký, analista checo especializado en defensa y geopolítica, en CNN Prima NEWS, advirtiendo además sobre el peor escenario posible.
Irán, menos de un día después de haber reducido tensiones, volvió a cerrar el estrecho de Ormuz. Teherán justifica la medida por la continuidad del bloqueo naval estadounidense. Sin embargo, según Mikulecký, no existe base para hablar de distensión real: no hay alto el fuego ni entre Estados Unidos e Irán, ni entre Israel e Irán. Las negociaciones recientes —incluido el intento de diálogo en Pakistán— no han dado resultados.
La situación es aún más incierta por la imprevisibilidad de Trump y por la presión interna en Estados Unidos. La guerra no es popular entre sus votantes, muchos de los cuales rechazan nuevas intervenciones militares en el extranjero. A esto se suman las elecciones de mitad de mandato, que podrían debilitar su margen de maniobra política.
Según Mikulecký, el presidente estadounidense solo tiene dos caminos: intensificar el conflicto —mediante fuerzas especiales o ataques aéreos— o retirarse completamente del Golfo. Esta última opción abriría un escenario especialmente peligroso: Irán podría comenzar a cobrar peajes por el uso del estrecho de Ormuz, violando el derecho internacional y forzando la intervención de potencias regionales como Arabia Saudita o los Emiratos Árabes Unidos. Para Europa, que evita implicarse militarmente, esto supondría un declive estratégico en una región clave.
América Latina ante la guerra invisible: un conflicto lejano que ya nos afecta
Pero el conflicto no empieza ahí
Para entender realmente esta guerra, especialmente desde la perspectiva latinoamericana, es necesario retroceder y observar los mecanismos que ya estaban en marcha antes de la escalada militar.
El eje financiero alternativo: criptomonedas, sanciones y supervivencia
Mucho antes del conflicto abierto de 2026, Irán y Venezuela habían desarrollado sistemas para esquivar el control financiero internacional.
El uso de Bitcoin permitió realizar comercio bilateral sin pasar por el sistema SWIFT. Venezuela ha pagado importaciones a Irán y Turquía mediante criptomonedas, mientras ambos países fomentan la minería estatal para generar activos fuera del control occidental.
Las stablecoins, como USDT, se han utilizado para estabilizar pagos de petróleo y tecnología. Paralelamente, se han creado estructuras como el Banco Internacional de Desarrollo en Caracas y se han utilizado sistemas alternativos como el CIPS chino o bancos rusos.
En abril de 2026, este modelo alcanza un nuevo nivel: Irán comienza a exigir pagos en criptomonedas para el tránsito por el estrecho de Ormuz, consolidando una nueva forma de soberanía económica.
El papel indirecto de América Latina
Aunque geográficamente distante, América Latina ya está integrada en este sistema.
El caso de El Salvador es clave. No funciona como banco directo para Irán o Venezuela, pero la legalización del Bitcoin ha creado un ecosistema que facilita operaciones financieras descentralizadas, utilizadas por empresas pantalla para mover capital.
Venezuela, por su parte, ha profundizado su alianza con Irán a través de cooperación energética y militar. Ecuador mantiene una postura más pragmática, con comercio limitado con Irán y apertura a inversiones de Qatar. En contraste, Cuba y Nicaragua sostienen relaciones más estratégicas con Teherán.
La guerra en las sombras: redes y financiamiento
Israel considera que América Latina puede convertirse en una retaguardia operativa de Irán.
El Hezbollah es señalado como actor clave en redes de financiamiento en la región, especialmente en zonas como la Triple Frontera. Estas estructuras operarían mediante empresas fachada.
El Mossad ha intensificado su cooperación con países latinoamericanos para rastrear estos movimientos, mientras Israel advierte sobre la expansión de tecnología militar iraní en el continente.
Yemen: el laboratorio del conflicto global
Para comprender el presente, es imprescindible analizar Yemen.
Desde 2015, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos han intervenido contra los hutíes, apoyados por Irán. Sin embargo, sus intereses divergen: mientras Arabia Saudita busca un Yemen unificado, Emiratos prioriza el control de puertos estratégicos.
Irán utiliza este conflicto para proyectar poder regional, apoyando a los hutíes con tecnología militar y entrenamiento.
Aquí surge un vínculo inesperado con América Latina: miles de exmilitares colombianos participan como contratistas en estos conflictos. Se estima que más de 10.000 han sido reclutados en distintos escenarios internacionales, atraídos por altos salarios /agados por emiratos Arabes Unidos.
No representan oficialmente a Colombia, pero su presencia convierte a la región en un actor humano dentro de guerras ajenas, en una paradoja geopolítica difícil de ignorar.
Qatar, entre la mediación y la supervivencia
Qatar ha jugado históricamente el papel de mediador, albergando tanto la mayor base militar estadounidense como canales de diálogo con actores como Hamás.
Sin embargo, los ataques recientes han obligado a Doha a alinearse más claramente con Washington, abandonando parcialmente su rol neutral.
Irán, por su parte, ha pasado de una estrategia indirecta a una confrontación abierta, utilizando a aliados regionales como instrumentos de presión.
América Latina como tercer frente
Para Israel, la región ya no es periférica, sino un tercer frente estratégico.
Su doctrina consiste en exponer la presencia iraní y forzar alineamientos. Países como Ecuador han reforzado su cooperación en seguridad, mientras Colombia atraviesa tensiones bajo el gobierno de Gustavo Petro. Sobre todo por la presencia de mercenarios colombianos en el ejercito de EAU. Se estima que hay unos 10000 colombianos peleando en Yemen, Aunque Petro lo niega la presencia de estos soldados ha ido aumentando en su gobierno
Al mismo tiempo, líderes como Javier Milei han tomado posiciones claras en un conflicto que, en apariencia, queda fuera del continente y la cual pone en riesgo la seguridad continental.
La neutralidad como única salida racional
América Latina ya está dentro del conflicto, aunque no lo reconozca.
Desde criptomonedas hasta redes de financiamiento, pasando por mercenarios y alianzas estratégicas, la región forma parte de un tablero global en transformación.
Sin embargo, esto no implica que deba elegir un bando.
En un mundo cada vez más polarizado, la neutralidad no es debilidad: es una estrategia de supervivencia. Porque aunque la guerra se libre lejos, sus efectos ya están aquí.
