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Avion Militar

La guerra con Irán divide a la política checa. El gas y el petróleo se disparan

El conflicto en Oriente Medio ha escalado de forma dramática tras el amplio ataque de Estados Unidos e Israel contra objetivos iraníes. Teherán respondió con el lanzamiento de misiles y el envío de drones contra Israel y bases estadounidenses en la región. Los combates se han extendido también al Líbano. La tensión ya tiene un impacto directo no solo en la seguridad internacional, sino también en los mercados energéticos mundiales. La escena política checa está dividida en su valoración del conflicto.

Posturas divergentes en el Gobierno checo

El primer ministro Andrej Babiš afirmó que “toda guerra es mala”, aunque recordó que, según él, los aliados de la República Checa intentaron resolver el conflicto por la vía diplomática. Babiš considera que Irán representa una amenaza a largo plazo para la región y que apoya a organizaciones terroristas.

El ministro de Asuntos Exteriores, Petr Macinka, defendió el carácter preventivo del ataque. Sostiene que el programa nuclear iraní continuó a pesar de los ataques anteriores y que los servicios de inteligencia advirtieron de una amenaza “mucho más aterradora” si no se actuaba a tiempo.

En contraste, el líder del SPD, Tomio Okamura, calificó el ataque como una violación del derecho internacional y alertó sobre la desestabilización de la región, una posible nueva ola migratoria y el aumento de los precios de la energía. También criticó la declaración de la Unión Europea, que llamó a la máxima contención y al respeto del derecho internacional.

Repatriación de ciudadanos checos

La República Checa envía aviones militares a Sharm el-Sheij (Egipto) y a Ammán (Jordania) para evacuar a sus ciudadanos. También participan en la operación aviones CASA y la compañía aérea Smartwings, que organiza vuelos desde Omán.

El Gobierno ha reforzado además las medidas de seguridad en territorio checo, aunque no ha querido detallar públicamente las acciones concretas adoptadas.

Escalada en Líbano y ataques de Hizbulá

El conflicto se extendió al Líbano después de que el movimiento Hizballáh lanzara cohetes contra la ciudad israelí de Haifa. Israel respondió con intensos bombardeos sobre Beirut y el sur del Líbano. El Ejército israelí anunció el inicio de una ofensiva que podría prolongarse varios días.

La tensión también alcanzó la base británica RAF Akrotiri, en Chipre, donde se registró un ataque con dron atribuido a Irán. Según las autoridades británicas, los daños fueron mínimos.

Choque energético: el gas y el petróleo se disparan

Las consecuencias del conflicto se reflejaron de inmediato en los precios de la energía. El principal centro gasista europeo, el Title Transfer Facility, registró una fuerte subida: en pocos días el precio del gas aumentó más de un 60 %. Un factor clave fue la interrupción de las exportaciones de gas natural licuado (GNL) desde Catar tras ataques contra infraestructuras energéticas.

El precio del crudo Brent Crude superó los 85 dólares por barril. Los analistas advierten de que, si el conflicto se prolonga, podría alcanzar los 120 o incluso 150 dólares.

La situación se ve agravada por la tensión en el Hormuzský průliv, paso estratégico por el que transita aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo. Aunque el mando estadounidense CENTCOM negó su cierre oficial, numerosos petroleros están evitando la zona y las aseguradoras han limitado la cobertura de los buques.

Europa bajo presión

La Unión Europea es un importante importador de GNL catarí, que sustituye parcialmente los suministros procedentes de Rusia. El fuerte encarecimiento del gas llega en un momento en que las reservas europeas no están completamente llenas tras el invierno.

Los analistas prevén que los precios de la energía seguirán siendo muy volátiles en los próximos días. La evolución dependerá en gran medida de si el conflicto puede contenerse por la vía diplomática o si se transforma en una guerra regional abierta.

Oriente Medio se encuentra así al borde de una nueva fase de inestabilidad cuyos efectos ya se sienten no solo en la región, sino también en Europa, incluida la República Checa.

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