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Avion Militar

Groenlandia, Maduro y el nuevo orden: ¿hacia una crisis global de legitimidad y energía?

La amenaza del presidente estadounidense Donald Trump de imponer nuevos aranceles a países europeos si no aceptan la compra de Groenlandia ha encendido las alarmas en Bruselas. Para la Unión Europea, la cuestión no es solo económica: es una cuestión de soberanía, derecho internacional y equilibrio geopolítico.

La posición del Gobierno checo y de la oposición

El Gobierno de Andrej Babiš ha optado por una postura prudente. Según fuentes diplomáticas, Praga apuesta por el diálogo, la coordinación dentro de la UE y el uso de los canales de la OTAN para evitar una escalada. El ministro de Exteriores, Petr Macinka, ha subrayado que la República Checa quiere contribuir a una solución negociada entre Washington y Copenhague.

El presidente Petr Pavel ha sido más explícito: considera que las tensiones sobre Groenlandia son comprensibles, pero insiste en que deben resolverse dentro del marco de las alianzas. Para Pavel, la seguridad del Ártico es un interés estratégico de la OTAN, pero cualquier acción debe respetar los principios internacionales.

Desde la oposición liberal-conservadora, ODS mantiene una línea clara: Europa debe actuar unida. El exministro Jan Lipavský ha advertido que la UE tiene fuerza suficiente si se mantiene cohesionada. Petr Fiala, ex primer ministro y figura clave de ODS, ha sido aún más contundente:

“Europa debe plantar cara a Trump en la cuestión de Groenlandia. Sus acciones son inaceptables. Solo con determinación se gana respeto, incluso negociando con Trump”.

Europa y la defensa del derecho internacional

La Comisión Europea y el Consejo Europeo han calificado las amenazas arancelarias como “inaceptables” y peligrosas para las relaciones transatlánticas. Para Bruselas, la compra forzada de un territorio como Groenlandia sentaría un precedente grave: la normalización de la presión económica para lograr objetivos territoriales.

Europa teme que este tipo de política erosione el orden internacional basado en normas, donde los cambios territoriales deben producirse por medios legales y democráticos, no por coerción.

El caso Maduro: ¿violación del derecho internacional?

En el caso de Maduro todo comenzo mal veamos porque: Si EE. UU. negocia una transición con Delcy Rodríguez —vicepresidenta del régimen chavista—, ¿no está reconociendo indirectamente al propio gobierno de Maduro?

Y si lo reconoce, ¿cómo justifica entonces su captura?

La reciente detención y traslado de Nicolás Maduro a Estados Unidos (según el escenario planteado) suscita un debate aún más delicado. Para muchos juristas europeos, sacar por la fuerza a un jefe de Estado —sin una orden judicial internacional clara— podría considerarse una violación del derecho internacional y del principio de inmunidad de los mandatarios.

Aunque varios países europeos no reconocen la legitimidad de Maduro y apoyaron a Edmundo González tras las elecciones de 2024, no obstante, ningún tribunal internacional ha dictado una sentencia firme contra él. En democracia, incluso los acusados de narcotráfico o terrorismo son inocentes hasta que se demuestre lo contrario.

Aquí surge una contradicción clave que nos planteamos al principio del párrafo:
Si EE.UU. negocia una transición con Delcy Rodríguez —vicepresidenta del régimen chavista—, ¿no está reconociendo indirectamente al propio gobierno de Maduro? – Este reconocimiento aunque indirecto nos obliga a hacernos la siguiente pregunta, ¿cómo justifica Trump entonces su captura?. Al hacernos esta pregunta debemos saber que cualquier presidente en el planeta Tierra tiene inmunidad por su condición de presidente.

¿Un mundo donde la narrativa sustituye a la legalidad?

La casa Blanca

El precedente es peligroso: bastaría con construir una narrativa mediática, acusar a un Estado de narcotráfico o terrorismo, y justificar acciones unilaterales. Sin pruebas públicas, sin juicios, sin transparencia.

Hoy es Venezuela. Mañana, ¿podría ser otro país incómodo?

La ironía es evidente: si se puede “acusar” a Groenlandia, también se podría decir —con fotos aéreas de nieve— que allí hay cocaína. La exageración sirve para mostrar lo absurdo del argumento cuando no hay pruebas verificables.

Groenlandia, Irán y el control energético mundial

Si Estados Unidos lograra controlar Groenlandia y, al mismo tiempo, Irán colapsara como potencia energética, el equilibrio global cambiaría radicalmente.

EE. UU. pasaría a tener una influencia decisiva sobre:

  • Rutas árticas

  • Recursos estratégicos

  • Y buena parte del mercado energético indirecto

Europa, sin acceso suficiente a gas y petróleo, tendría solo una alternativa real: negociar con Rusia.

Putin se convertiría en el único proveedor fuerte con capacidad para garantizar el suministro energético europeo a largo plazo. Si la UE se niega a negociar, podría enfrentarse a una crisis económica profunda, con efectos sociales, políticos e industriales devastadores.

Democracia en riesgo

El problema de fondo no es solo energético o territorial. Es democrático.

Si las grandes potencias pueden:

  • Imponer cambios territoriales por presión económica

  • Derrocar gobiernos sin procesos judiciales

  • Negociar con regímenes que antes calificaban de ilegítimos

Entonces el concepto de legalidad internacional se vacía de contenido.

No se trata de simpatía por Maduro ni de rechazo automático a Trump. Se trata de principios:
legalidad, legitimidad y democracia.

Porque si todo vale, el siguiente paso no será la diplomacia, sino la ley del más fuerte.

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