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La postura del Gobierno checo ante Venezuela y el nuevo tablero geopolítico

La posición oficial del Gobierno de la República Checa frente a la crisis venezolana ha sido clara en los últimos años: apoyo a la democracia, defensa de los derechos humanos y respaldo a una transición política pacífica. Sin embargo, los acontecimientos recientes, marcados por la intervención de Estados Unidos y la caída de Nicolás Maduro, han reabierto el debate sobre la soberanía, el intervencionismo y el nuevo reparto de poder a nivel global.

Reacciones oficiales en Praga

Tras los últimos acontecimientos en Venezuela, el primer ministro checo, Andrej Babiš, declaró que la situación “era algo que se podía esperar” y expresó su esperanza de que los cambios conduzcan finalmente a la democracia y a la libertad para el pueblo venezolano. Subrayó la importancia de que los ciudadanos puedan elegir su futuro en un sistema democrático.

Dentro del Gobierno checo existen voces que respaldan la postura estadounidense, pero también sectores que piden cautela, diplomacia y negociaciones multilaterales. El Ministerio de Asuntos Exteriores ha insistido en la necesidad de reducir la tensión y mantener canales de diálogo, tanto con el oficialismo como con la oposición venezolana.

Asimismo, Praga ha mostrado preocupación por la situación consular de Jan Darmovzal, ciudadano checo detenido en Venezuela desde 2024, cuya liberación se considera prioritaria. Las autoridades siguen el caso de cerca, especialmente tras las recientes excarcelaciones de presos políticos.

Históricamente, la diplomacia checa ha cuestionado la legitimidad de las elecciones venezolanas, denunciando la falta de observación internacional y el incumplimiento de estándares democráticos. En 2018 y 2019, la República Checa reconoció a Juan Guaidó como presidente interino y reclamó la liberación de presos políticos, el respeto a las libertades y el restablecimiento del orden constitucional.

Violencia, intervención y descomposición institucional

El 2 de enero, los enfrentamientos en Fuerte Tiuna dejaron decenas de muertos y evidenciaron la parálisis de la Fuerza Armada Nacional, que hoy es percibida más como un brazo político del PSUV que como una institución al servicio del Estado. La violencia confirmó la profunda descomposición del aparato estatal venezolano.

La oposición, liderada por María Corina Machado, había apostado por el apoyo internacional como vía para una transición. Sin embargo, sus expectativas se vieron sacudidas cuando Donald Trump declaró: “María Corina es muy simpática, pero no tiene el apoyo necesario para una transición”. El mensaje fue interpretado como una señal clara de que Washington priorizaba sus propios intereses estratégicos sobre la voluntad popular venezolana.

Trump, con su enfoque empresarial y su estilo de realpolitik, optó por entenderse con sectores del oficialismo. Resucitó la Doctrina Monroe y lanzó advertencias directas a Delcy Rodríguez, mientras negociaba de facto con figuras sancionadas por violaciones a los derechos humanos. El resultado fue una alianza pragmática con quienes sostuvieron el régimen, bajo el argumento de “sanear” el país.

Maduro apareció en Nueva York, el madurismo mantuvo su estructura de poder y, paradójicamente,  los líderes autoritarios del Chavismo “van a restaurar la democracia” en Venezuela, es decir el madurismo sin Maduro en la ecuación. Actualmente se están soltando a los presos políticos pero Delcy y su hermano siguen en las sillas del poder

Promesas, inversiones y una soberanía en riesgo

Las nuevas promesas de inversión estadounidense para reconstruir la industria venezolana llegan acompañadas de gestos como la liberación parcial de presos políticos. Sin embargo, la consulta real al pueblo venezolano sobre su futuro político queda relegada a un segundo plano.

Muchos venezolanos, tanto dentro como fuera del país, que en su día creyeron en Trump, hoy enfrentan desilusión, persecución o exclusión en Estados Unidos. La crisis venezolana se ha convertido en un símbolo de una nueva división geopolítica: Europa para Rusia, Asia para China y América para Estados Unidos.

En un mundo marcado por la escasez energética, Washington busca controlar el petróleo global. América Latina, rica en materias primas y es allí donde se encuentran los mercados con mayor expansión y dos de las economías emergentes más importantes del planeta Brasil y México, se ha convertido en una pieza clave de ese tablero.

Una tragedia que continúa

La tragedia venezolana no ha terminado; simplemente ha adoptado nuevas formas. La represión, el colapso de los servicios públicos, el hambre, la crisis educativa, la precariedad hospitalaria, la falta de agua y electricidad, la ausencia de justicia y la censura de la prensa siguen siendo parte de la vida cotidiana. Todo esto podría mejorar con Delcy si tomamos en cuenta que ahora recibirá dinero de los EE. UU. Lo que podría significar el empoderamiento del chavismo nuevamente.

Surgen dudas sobre el futuro del chavismo. La ausencia de una reacción inmediata por parte del presidente electo Edmundo González, que apareció públicamente 48 horas después de la caída de Maduro, y la falta  de su iniciativa de  crear un gabinete de emergencia para negociar con Washington, generaron interrogantes sobre la capacidad de la oposición para aprovechar el momento político. Tampoco María Corina Machado se pronunció de forma inmediata.

Machado, hoy fuera del país, afronta un proceso de aprendizaje político, mientras miles de venezolanos que soñaban con una transición democrática en 2026 observan con frustración cómo el tablero ha cambiado.

La lucha por la libertad, la constitucionalidad y la soberanía deberá continuar por vías pacíficas, persistentes y conscientes de una coyuntura desfavorable, pero sin aceptar la rendición.

Europa, Ucrania y la energía

Paradójicamente, no solo Venezuela arriesga su soberanía. Europa, al mantener su apoyo a Ucrania mientras Rusia negocia directamente con Estados Unidos, ha quedado aislada de los grandes productores de petróleo. Ahora deberá destinar el 5 % de su PIB a la OTAN —lo que implica comprar armamento estadounidense— y adquirir también energía de EE. UU.

Sin una negociación con Rusia, Europa podría enfrentarse a una crisis económica profunda, atrapada entre la dependencia energética y las tensiones geopolíticas.

Dignidad frente a supervivencia

Algunos sostienen que “con la soberanía no se come”. Muchos venezolanos se ilusionaron con el cambio esperando mejoras materiales inmediatas. Sin embargo, la dignidad, la libertad y el derecho a decidir el propio destino siguen siendo pilares esenciales de la condición humana.

La historia reciente de Venezuela demuestra que no basta con promesas externas ni con cambios impuestos desde fuera. La democracia real exige participación, soberanía y memoria.

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