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90.000 tarjetas olvidadas en un cajón: el fracaso institucional en la República Checa para visibilizar el autismo

Menos del 4% de las más de 270.000 personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA) en el país utilizan la tarjeta oficial de identificación. La gran mayoría de los ejemplares impresos en 2018 siguen almacenados en el Ministerio de Sanidad debido a la falta de difusión y al desconocimiento de los propios médicos.

En la República Checa viven más de 270.000 personas con diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista (TEA). Sin embargo, menos del 4% de ellas utiliza la tarjeta oficial diseñada para facilitarles situaciones de crisis, trámites administrativos o desplazamientos. El motivo principal no es el desinterés de las familias, sino un grave problema de gestión e información institucional: decenas de miles de tarjetas llevan desde 2018 acumulando polvo en los cajones del Ministerio de Sanidad.

Una herramienta vital infrautilizada

La tarjeta para personas con TEA funciona principalmente como un recurso de comunicación y apoyo en momentos de alta tensión, como controles de seguridad en aeropuertos, uso de transporte público o situaciones inesperadas.

  • Facilita la interacción: Explica de forma rápida al entorno y a las autoridades que la persona necesita una vía de comunicación distinta o mayor comprensión.

  • Evita malendidos: Casos como el de Petra Lecnarová demuestran su utilidad; cuando su hijo pequeño se extravió y fue interceptado por un policía de paisano, el carné que llevaba en el bolsillo contenía las instrucciones exactas sobre cómo tratarlo.

  • Apoyo en viajes: Familias como la de Petra Bartošová Horáková destacan que la tarjeta resulta especialmente útil en terminales de transporte concurridas y en el extranjero para agilizar controles.

A pesar de estos beneficios, el documento no otorga privilegios legales ni sustituye al carné clásico de discapacidad (ZTP), sino que actúa como un puente de entendimiento social.

90.000 tarjetas impresas… y guardadas

A finales de 2018, el Ministerio de Sanidad encargó la impresión de 90.000 tarjetas por un coste aproximado de 67.000 coronas checas. Sin embargo, según los datos disponibles hasta el año pasado, apenas se habían distribuido unas 10.654 unidades en todo el país.

„La causa fundamental de esta escasa concienciación es la campaña del Ministerio de Sanidad sobre la tarjeta y su uso, que aún no se ha llevado a cabo“, denuncia Marta Pečeňová, presidenta de la asociación Za sklem.

El desconocimiento no solo afecta a la ciudadanía, sino a los profesionales de la salud encargados de validarlas. Aunque la tarjeta puede ser solicitada basándose en un diagnóstico oficial emitido por psiquiatras o psicólogos clínicos, su validación formal recae frecuentemente en los médicos de cabecera y pediatras.

No obstante, la mayoría de estos facultativos desconoce por completo la existencia del documento. Profesionales como la pediatra Eva Cyranyová admiten abiertamente que nunca habían oído hablar de él, lo que obliga a las familias a peregrinar por organizaciones especializadas —como NAUTIS, Za sklem, Sasov o Paspoint— para poder tramitarlo.

Un desafío pendiente en la integración

El autismo es una diferencia en el desarrollo neurológico que altera la comunicación, la interacción social y la gestión de estímulos sensoriales ante entornos ruidosos o cambios imprevistos. Iniciativas como esta tarjeta o el uso internacional del cordón verde con girasoles (que simboliza discapacidades invisibles) son esenciales para construir una sociedad más empática.

No obstante, en la República Checa el principal obstáculo ya no es el diseño de las políticas de inclusión, sino sacarlas literalmente de los cajones del ministerio y acercarlas tanto a los centros de salud como a las familias que las necesitan.

 

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